El presidente felón

Antonio Pérez-Henares - domingo, 10 de febrero de 2019
El presidente felón - Foto: Eduardo Parra
Sánchez ha traicionado a la patria y a las leyes con una sumisión absoluta a los separatistas como si el país fuera un Estado fallido

Sánchez volvió a arrastrarse ante los independentistas y aceptó el mediador exigido por los golpistas, pese a que, finalmente, el viernes decidiera recular ante el clamor social que había provocado. Volvía a revolcarse en el fango dónde se había comprometido no meterse, de pactar con los separatistas, antes de ver la ventana por la que poder colarse en La Moncloa y revolcarse en el lodo hasta las trancas. De entonces a ahora todo ha sido pantanal, mentira, genuflexión e ignominia. Pero lo de ahora, la sumisión absoluta al separatismo, como si España fuera un Estado fallido, un lugar sin derecho, ley y libertades y no lo que es una de las democracias más completas, que pretende equiparla a Burkina Faso, lo ha dicho Alfonso Guerra, ha acabado por rasgar todas las cortinas, hacer caer todas las caretas y destapar todas las farsas. En el consciente y en el subconsciente colectivo algo ha estallado. 
Pueden Sánchez y el PSOE arrastrarse ante los que pretenden destruir la nación, ciscarse en la soberanía del pueblo español y perder cualquier dignidad, pero no pueden pretender que ese pueblo y esa nación se deje arrastrar miserablemente por ellos.
El cada vez más impostado Sánchez, el creciente desvarío balbuceante de Carmen Calvo, los repeluznos de los ministros, los espantones de los adictos y el silencio atronador y cobarde, salvo los habituales pellizcos de monja atemorizada ante el abad de algunos de los llamados barones, de un partido que fue una manera de entender y ser España ha terminado por romper todas las exclusas. 
La ultima cesión a un chantaje que ahora conocemos por escrito, es humillar a la nación (que debía ser el primero en defender), al pueblo, a su Constitución, a su soberanía, entregarla con vileza a sus enemigos a cambio de que le permitan, que hasta puede que ni eso, a sus más encarnizados enemigos. Eso aquí, en Roma, en Cartago, y en las praderas de Norteamérica, en las estepas rusas, en los desiertos, en las junglas y en cualquiera de los mares océanos se ha llamado siempre lo que es: traición y felonía. Traición a la patria y a sus leyes que prometió guardar y felonía contra todos los que forman parte de esa ciudadanía a la que ha traicionado. Y más aún, a quienes creyeron en aquello que prometía.
Tuvimos y por ello se le llamó así al peor de todos nuestros reyes, Fernando VII, un felón que tras jurar la Constitución la pisoteó y aplastó a quienes la defendían y hoy tenemos un presidente felón que pretende hacer lo mismo y, además de ello, escurrirse de su villanía insultando a quienes la defienden, mientras se ampara en todo aquel que intenta destruirla. Un presidente felón aliado a los separatistas, a la extrema izquierda de los tiranos, de los que tanto ha cobrado, y hasta acepta como buenos los votos de quienes no han dejado ni un instante de enaltecer a los terroristas asesinos. Y ahora, y por ahora, la última vileza, el trato ya no igual sino genuflexo delante de la secesión golpista.
Ante ello, se están levantado, más allá de las soflamas políticas, las voces calladas de las gentes, de las del común y de a pie, de los españoles, de esos que algunos incluso evitan pronunciar el propio patronímico porque parece escocerles el nombre de la patria. Pero uno ante ese clamor cada vez más general piensa en algo que ayer fue y está convencido que aún está ahí. En los socialistas españoles, en esa sigla que aún sigue llevando el nombre, en quienes gobernaron y en tiempos con acierto muchas veces refrendado en las urnas, nuestro país y no puede evitar pensar. 
¿Es que ni siquiera quedan al menos seis diputados socialistas, con seis basta, leales a la Constitución y a España que impidan a Sánchez ejecutar tal humillación a nuestra nación y a nuestro pueblo y la traición al Estado? 
¿Es que no queda un solo dirigente socialista digno, y fiel a sus principios y a sus siglas, que sea capaz de afrontar con hechos -que ya basta de mohines y pamemas asustadas ante las urnas inminentes- y plantarse ante la rendición de Sánchez al separatismo? 

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