"He conseguido las cosas por mí mismo, sin protecciones"

María Albilla (SPC)
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"He conseguido las cosas por mí mismo, sin protecciones"

La mentalidad inquieta de Pablo Pineda le ha llevado a aprovechar muy bien sus 45 años. Una vida en la que nunca se ha puesto límites y en la que nunca se ha rendido, condiciones que le convirtieron en el primer diplomado de Europa con síndrome de Down. Pero Pablo es más. Pablo es mucho más...


Es maestro, psicopedagogo, conferenciante, ha escrito dos libros, protagonizado una película, trabajado en televisión y ¡hasta ha dado las campanadas! Si una cosa me queda clara es que no le gusta perder el tiempo.
No, es cierto. Nunca me ha gustado. Siempre estoy viendo algo nuevo, culturizándome, informándome... estar de brazos cruzados no va conmigo. Yo nunca me aburro.


Ser pluriempleado en un país con más de tres millones de parados es todo un lujo, ¿no cree?
Soy una persona muy afortunada. Tengo mi habitación llena de reconocimientos que me hacen tener un sentido de la responsabilidad muy grande. Me siento un privilegiado, las cosas como son. 


De todos los proyectos que he enumerado, ¿hay alguno del que ha disfrutado más que de otro?
Hay dos cosas. Una de las que más satisfecho estoy, por inesperada, fue la Concha de Plata en el Festival de Cine de San Sebastián. Jamás había pensado en algo así. Dios, o quien sea, me dio ese premio, que recibí con los brazos abiertos. Y luego está la faceta de conferenciante. Esa es la que más tira porque soy una persona extrovertida y sociable y me gusta estar con la gente. Dar una conferencia es una manera de estar en contacto con los demás, de estar cara a cara, de empatizar con ellos. ¡Cómo no me va a tirar si empecé con 15 años! 


El suyo es un ejemplo de que no hay límites cuando hay voluntad, trabajo y apoyo. 
Los tres aspectos han sido vitales para mí. Mi familia, mis padres, mis hermanos, siempre han confiado en mí y eso me ha ayudado en mis metas. Luego está el trabajo, por supuesto. Todo lo que he conseguido ha sido a base de esfuerzo, dedicación y muchas horas. El director del instituto de Málaga al que fui dijo en mi graduación que jamás habían levantado la mano conmigo. Y es verdad. He conseguido las cosas por mí mismo, sin protecciones. Y luego está la voluntad... es la manera de conseguir las cosas. Hay que ponerse y hacerlo, ya está. Sin pensarlo demasiado. A mí no me gusta mucho estudiar, pero sí me gusta aprender, que es distinto.


Como embajador de la Fundación Adecco, lleva una década dando charlas de sensibilización para que las empresas sean más inclusivas. ¿Cómo han cambiado de perspectiva en estos años? 
Estamos trabajando en ello. Yo veo que poco a poco van cambiando. Recuerdo que hace una década me miraban con recelo. Me veían y pensaban ‘¡Uy este! ¡A ver qué me va a contar!’. Ahora es lo contrario. A las empresas que trabajan con la Fundación les gusta que vaya y me llaman para que de las charlas. Ese ya es un cambio muy grande. 


¿Las perspectivas de trabajo son reales para las personas con discapacidad intelectual?
No podría darte la cifra exacta, pero sí que hay muchos chicos con discapacidad intelectual trabajando en empresas. Se está abriendo la mentalidad, se hacen más cosas, se van concienciando, pero aún queda mucho camino por recorrer.


¿En qué más ámbitos es necesaria esa misma labor de sensibilización que se empezó en las empresas?
Existe un gran tabú en torno a nosotros sobre la sexualidad y la afectividad y hay que hablarle de esto a la gente a pesar de que algunos no quieran educar en ello. No voy a decir quiénes son, aunque tú y yo lo sabemos... Pues es importante educar en esos temas porque las personas diversas también tenemos que tener la oportunidad de amar. Y no es adoctrinamiento. 


Me han contado que hace un tiempo buscaba novia...
Lo que quiero es que la sociedad se dé cuenta de que tengo derecho a tener novia. La gente piensa que una persona con síndrome de Down solo se puede juntar con otra persona con síndrome de Down y se acabó. No puede ser. Hay que ser más abiertos. Todos tenemos derecho a estar en el mercado. 


¿A pesar de tanto trabajo por la inclusión siguen quedando aún muchas mentes obtusas?
Claro que las hay. En España son muy difíciles de cambiar los temas sociales y los morales. 


¿Vamos de libres y de progresistas pero luego no lo somos tanto?
¡Eso es! Lo decimos, pero cuando no nos toca, no pasamos.


Hace ya unos años logró convertirse en el primer diplomado en España y en Europa, concretamente en Magisterio. ¿Ha ejercido como maestro?
Con niños, no. Es complicado. Otro tabú. Los padres no lo ven claro.


Pero si tiene la misma titulación que cualquiera de sus compañeros...
Eso es verdad, pero el título es solo un papel que puede invalidar la sociedad si un padre no quiere que yo sea el profe de su hijo porque no le da la real gana. ¿Qué se hace? Ante eso no hay título que valga.
La verdad es que no he podido ejercer como maestro clásico, pero sí soy maestro de personas adultas. Mi papel en la Fundación también es ser maestro y con los mayores es hasta más difícil que con los niños. Y ya no te digo con gente de poder, con jefes de Recursos Humanos, con directivos...


Su paso por la Universidad se extendió y también estudió Psicopedagogía. ¿Es habitual ver a personas con discapacidad intelectual en la enseñanza superior?
Cuesta bastante. Somos muy pocos... Solo un seis por ciento. Pero hay que pensar en una cosa que sucede en casa. Los padres a veces sobreprotegen a sus hijos. Si no les dejan ni salir solos... ¡cómo van a llegar a la universidad!


Es que el camino para llegar hasta ahí para una persona con síndrome de Down seguro que es mucho más difícil.
Claro. Los primeros que deben confiar en sus hijos son los padres. Les tienen que ver como hijos, no como discapacitados. Y a un hijo hay que cuidarle, pero también educarle. Si solo piensan en ‘¡Ay, que no haga esto! ¡Ay, que no haga lo otro!’, le están limitando mucho. Así no va a llegar ni a la universidad ni a trabajar. Ya lo decía Antonio Machado: caminante no hay camino, se hace camino al andar.


¿Cuántas veces en la vida le han dicho que no podía hacer algo y, por supuesto, lo ha hecho?
Muchas, aunque no me lo hayan dicho más que con la mirada. El profesor que en el colegio decía que ‘ese niño’ estorbaba fue una realidad. Cuando trabajaba en el Ayuntamiento de Málaga hubo casos en los que la gente no quería que yo les atendiera. A veces hasta iba por la calle y tenían expresiones tan curiosas como decir ¿Pero el niño va solo?. Estas cosas ocurrían de verdad. Ahora me pasa menos, porque soy más famoso.


¡Y tanto que famoso! ¡Ha estado hasta con el Papa! ¿Cómo fue esa experiencia?
Así es, con el mismísimo Papa. La experiencia de estar con el Papa Francisco va más allá de la fe. Es una personalidad, un jefe de Estado, y da respeto. Compartí esa experiencia con El Langui y los dos, que dentro del respeto somos bastante irreverentes, nos atrevimos a, El Langui, llevarle su película Que baje Dios y lo vea, y yo, ni corto ni perezoso, le hice una pregunta bastante peliaguda. Le pregunté que para cuando un Papa con Síndrome de Down. «Pues lo haría muy bien», me contestó. Ese hombre tiene buenas salidas para todo.
El hecho de que sea latino fue una oportunidad porque sería impensable actuar así con un Juan Pablo II o con un Benedicto XVI.


El año pasado 100.000 personas con discapacidad intelectual pudieron ir a votar por primera vez. ¿Qué supone una medida así?
Yo empecé a votar con 18 años. Es una incongruencia de la sociedad. ¿Cómo puede ser que yo ya haya votado y otras 100.000 personas como yo no lo hayan hecho? No sé si sabes que hay dos formas de incapacitar a una persona. Una parcial para que, por ejemplo, no puedas hacer operaciones inmobiliarias y que no venga un lagartón o lagartona y se aproveche, pero también está la incapacitación total. En este caso no puedes tener ni una cuenta corriente, ni tampoco votar. ¿Qué han hecho ahora entonces? Sacar de ahí el derecho al voto aunque, sin embargo, no pueden tener otras cosas, como una cuenta corriente en un banco. 


¿Y qué le pide con respecto al colectivo al nuevo Gobierno de coalición que salió de aquellas urnas?
Pues que ya que han hecho la gracia, que la hagan del todo. Esa ley que han cambiado está solo un poco parcheada. Además, pediría una Ley de Educación digna sin pines ni panes ni punes y consensuada, porque esto también nos afecta a las personas que tenemos una discapacidad.


Últimamente hablamos mucho del empoderamiento de las mujeres, ¿deberíamos hacerlo también del de las personas con discapacidad intelectual?
¡Claro que sí! Yo soy un claro ejemplo de ese empoderamiento. La mejor forma de empoderar a las personas con discapacidad es tratarlas como a un igual, como a las mujeres. 


Quiero volver al ámbito educativo del que hablábamos antes para que me cuente cuáles fueron las principales dificultades que se encontró en las fases educativas.
Siempre ha habido alguna puerta cerrada, algún jefe de estudios que no sabía que hacer con mi madre y conmigo cuando llegábamos al colegio... pero, en verdad, fueron épocas maravillosas porque tenía amigos y eso es muy importante. Al final confiaron en que, a pesar de tener síndrome de Down, iba a poder sacar los cursos como todos los demás. 
Pasó lo mismo en el instituto. Había profesores partidarios de que estuviera allí y otros que no. Se votó y eso en 1989 no era habitual. Algo parecido sucedió en la universidad. Querían que entrara en el cupo general que dan para discapacitados, pero yo no quise. Entras si tienes un 60 por ciento de discapacidad, pero oiga, ¿quién puede hacer una carrera con ese porcentaje? Yo tengo un 33. Tenemos mucha obsesión con los números, la burocracia y los porcentajes.


¿Socialmente siempre tuvo una buena acogida?
Sí, siempre. Quizá en segundo de BUP, que es una edad malísima... hubo un grupo de chicos que me ninguneaba. Me sentía impotente, no sabía que hacer, pero yo prefiero aquello a lo que sucede ahora en los colegios.


Es que el acoso escolar se ha convertido en un problema gravísimo en el ámbito educativo.
Así es. Y es un problema que hay que afrontar desde la educación en valores que hay que hacer en el aula y también en casa. Profesores a padres y padres a profesores se van pasando la bola de dónde se tiene que hacer. En casa, sí. En el colegio, también, que no solo tienen que enseñar a sumar, restar, multiplicar y dividir. Para eso son, como yo digo, educadores. La tecnología empeora esta situación. Solo sirve para que los acosadores, encima, se regodeen de lo que hacen.


¿Qué papel tuvieron sus padres y sus hermanos en todo el proceso?
Fueron importantísimos porque ellos pelearon mucho para que yo estudiara y fuera autónomo. Me han ayudado a abrir todas las puertas, y hubo un tiempo en el que estaban bastante bien cerradas, pero ellos las aporrearon todas hasta que podíamos pasar.


¿Y qué proyectos hay ahora en esa cabecita inquieta?
Estoy esperando a ver si sale adelante la segunda temporada de Donde comen dos, el programa que he hecho con El Langui, y el mes que viene retomaré de nuevo el ciclo de conferencias.