"La Unesco estaba al borde de la ruptura"

E. Rubio y M. Garde (EFE)
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Compromiso. Esta funcionaria inició su mandato en la Unesco el 15 de noviembre de 2017. Meses antes de ocupar su actual cargo, se desempeñó como ministra de Cultura en el último año de Hollande y como directiva en el sector audiovisual francé

"La Unesco estaba al borde de la ruptura"

Desde que comenzó su mandato dos años atrás, la directora general de la Unesco, Audrey Azoulay, confiesa que el organismo no ha parado de trabajar «para transformar el mundo en cuestiones como la educación, la ciencia, la cultura y las libertades fundamentales».
Desde América Latina, Azoulay reflexiona sobre los movimientos sociales en la región y la crisis del multilateralismo, y revela sus próximas iniciativas.
Usted se convirtió en directora general de la Unesco hace dos años de una manera casi inesperada, ¿qué balance hace?
Hemos logrado dos objetivos: restablecer la confianza en la Unesco al reducir las tensiones políticas y mejorar su situación financiera. Por otro lado, hemos lanzado importantes iniciativas que encarnan la capacidad de la Unesco de dar respuestas concretas a los desafíos del mundo contemporáneo.
A juicio de los observadores, ha logrado revitalizar la Unesco, algo complicado en tiempos poco propicios para el multilateralismo. ¿Cuál es la fórmula Azoulay?
Hace dos años, la organización estaba al borde de la ruptura: en un contexto general de crisis del multilateralismo, la Unesco sufría las divisiones políticas y sus consecuencias sobre la credibilidad de una institución tan pertinente. Dos países anunciaron su marcha (EEUU e Israel), importantes Estados miembros no hacían sus contribuciones obligatorias, y las tensiones políticas nos impedían trabajar. Había una clara contradicción entre un mandato más actual y necesario que nunca, y la situación de bloqueo y división.
Había que llamar a cada uno a asumir sus responsabilidades, pero también demostrar la necesidad de una revitalización de la Unesco. Es lo que hemos estado haciendo desde hace dos años: mostrar, a través de logros concretos, que actuamos para transformar el mundo en cuestiones como la educación, la ciencia, la cultura y las libertades fundamentales. Y estoy feliz de habernos acercado a ese objetivo.
Pese a todo, no ha escapado a las críticas que la acusan de favorecer a Francia en el seno del organismo.
Es necesario dejar estas disputas de capillitas, son de otro tiempo. En lo que a mí respecta, estoy al servicio de la Unesco, de forma que la voz de cada uno de los 193 Estados miembros tenga los mismos derechos. Y es la fuerza de su consenso lo que ha permitido el éxito de la última Conferencia General.
Esta conferencia es prueba de una renovada confianza: el consenso que existe sobre Palestina; importantes iniciativas en educación e inteligencia artificial; el presupuesto, aprobado por consenso, que aumenta por primera vez en 15 años; y una participación excepcional al más alto nivel, con el secretario general de la ONU Antonio Guterres, 15 jefes de Estado y de Gobierno, más de 200 ministros de Educación o Cultura.
¿Qué plantea para el organismo?
Trabajamos en tres ejes: primero, la reducción de las tensiones políticas para restablecer la confianza en la institución. A través de la ciencia, cultura y educación, podemos crear o restaurar vínculos, que luego pueden contribuir a otro tipo de iniciativas de paz. Es el caso, por ejemplo, de la inscripción conjunta de las dos Coreas en la lista del Patrimonio Inmaterial de una tradición compartida, el Ssireum, y tal vez, hacer en el futuro de la Zona Desmilitarizada un sitio compartido del Patrimonio Mundial.
Segundo, el reposicionamiento de la Unesco a través de planes relacionados con las grandes cuestiones actuales, en particular, la educación, con la Iniciativa para la educación de niñas y mujeres, pero también la cultura como instrumento de paz, y la tecnología, con a ética de la inteligencia artificial.
Tercero, la modernización del funcionamiento de la organización, fortaleciendo su eficacia, pero también el pensamiento estratégico para preparar el futuro.
Se encuentra en América Latina, zona en plena convulsión política.
Cada situación es única, pero existen aspiraciones comunes para una mayor inclusión, sociedades más justas y más sostenibles. Y, por supuesto, la educación, la cultura y la ciencia son piedras angulares de sociedades inclusivas y prósperas.
Por eso, estamos trabajando con los gobiernos y la sociedad civil para que haya más espacio en la agenda para esas políticas fundamentales para nuestro futuro. En todo el mundo hay interrogantes y la necesidad de reinventar nuestros modelos económicos y sociales.
¿Qué prioridades tiene su viaje?
La Unesco tiene una rica historia con América Latina, cuyos artistas, escritores, músicos y luchas por los Derechos Humanos han nutrido su trabajo desde su origen, de Pablo Neruda a Gabriel García Márquez, pasando por Mario Vargas Llosa.
Además, los Estados miembros de esta región son muy activos en todas las áreas de acción del organismo. Este ha sido el caso durante mucho tiempo en las ciencias humanas y sociales o la cultura. Ahora sucede cada vez más en ciencia, educación o información.
América Latina está a la vanguardia de los avances principales de la Conferencia General: la ética de la inteligencia artificial y la adopción de la Convención mundial sobre el reconocimiento de las cualificaciones de educación superior.
Por lo tanto, deseaba hacer mi primer viaje después del Consejo a esta importante región, en un momento en que las sociedades expresan sus aspiraciones.
¿Hay que reconstruir el multilateralismo?
Para enfrentar los desafíos contemporáneos, no tenemos otra opción: las soluciones deben ser solidarias y multilaterales. Hay nuevas articulaciones por inventar entre lo local, lo regional y lo internacional.
El problema del clima no se resolverá a nivel nacional, pero las iniciativas locales inventan soluciones. La ética de la inteligencia artificial no se puede decretar solo a nivel nacional, porque una ética a la carta no sería realista. El discurso de odio en internet tampoco se detiene en las fronteras.
El multilateralismo es exigente, cierto, pero una vez que se llega a un acuerdo, esta unidad colectiva es una gran fortaleza para nuestra acción y permite tener un diagnóstico sólido y compartido.