"Nuestra casa ha sido lugar de paso para contrabandistas"

Paula Fernández
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“Nuestra casa ha sido lugar de paso para contrabandistas"

El caserío Urruska se encuentra a 600 metros de la muga con Francia. A pesar de no ser fonda, contrabandistas o exiliados siempre encontraron un fuego encendido, un café y la amabilidad de sus propietarios.

En el barrio de Bearztun de Elizondo se encuentra el caserío Urruska. Está situado a seiscientos metros de la frontera con Francia y gracias a esa situación, sus propietarios han vivido historias personales difíciles de olvidar. María José Garbisu  recuerda que cuando era una niña,  su abuela ayudaba a todo aquel que tocase la puerta de esta casa. Al ser la primera casa en la muga eran muchos los que pedían secar sus ropas o un café tras horas caminando con el miedo a ser localizado y perder el cargamento. Muchos contrabandistas de diferentes localidades se reunían en este caserío en el barrio de Beartzun, en Elizondo.  Sus propietarios también ayudaron a los agentes de la Guardia Civil destinados a realizar esa vigilancia.  Durante tres días recorrían los bosques sin apenas comida ni ropa. En Urruska encontraron un fuego donde calentarse, charlar y donde sellar su cartilla que certificaba que habían realizado el servicio. Pero la "amatxi" también ayudó en situaciones mucho más dramáticas. Eran tiempos difíciles y familias con niños muy  pequeños tuvieron que salir de su país. En el desván de Urruska, por ejemplo,  se escondió una madre francesa con sus hijos muy pequeños. Muchos años después aquella niña volvió para agradecer ese apoyo y esa lección de humanidad.  Esta familia siempre estuvo ahí para quien lo necesitase. 

Hoy Casa Urruska vive de la explotación ganadera y también del alquiler de habitaciones. Un lugar privilegiado, en un entorno idílico, donde se pueden escuchar estas vivencias personales que bien podrían ser el guión de una novela realista  y quien sabe si también convertirse en la historia de una nueva película de Dolores Redondo.