"No hemos hecho una película sobre autismo"

Juana samanes
-

Trabaja, desde hace una década, con Éric Toledano porque ambos tienen ganas de contar las mismas historias para sensibilizar a la gente

"No hemos hecho una película sobre autismo"

Los temas sociales son la línea maestra sobre la que giran las películas de Olivier Nakache y Éric Toledano. Dieron en la diana con Intocable (2011), que fue vista por millones de espectadores. Ahora se acercan de manera responsable y certera a una problemática como el autismo en Especiales.


¿Por qué les interesó contar esta historia? 
Hay 50 motivos distintos para tratar este tema. Entre los cimientos se encuentra hablar de estas personas, no solo los jóvenes autistas, sino de los monitores, las familias o del personal del hospital. Pero teníamos claro la gran responsabilidad, porque son asuntos que conllevan mucho sufrimiento y debíamos ser justos y sinceros para transmitirlo correctamente. Nunca dijimos: Vamos a hacer una película sobre el autismo, sino sobre la gente implicada.


¿Qué ha supuesto para ustedes trabajar con niños y jóvenes autistas? ¿Les han enseñado algo especial?
Nos han enseñado que hay otras voces de comunicación además de la palabra. Están las emociones de los rostros, y con un poco de paciencia y tiempo las encontramos.


Su película hace un recorrido por todos los involucrados, jóvenes especiales, asociaciones, padres, Administración... ¿Quiénes son los que más sufren de esta cadena?
Los niños autistas tienen un sufrimiento interior de no poder comunicarse. Se ven agredidos por la luz y por otros factores medioambientales como el ruido. Los padres viven en un agujero negro, porque cuando se enteran del diagnóstico de su hijo se encuentran en el vacío, debido a que en el autismo no hay ningún tratamiento. La probabilidad de que haya cuidadores como estos que vayan a aliviar a las familias es impagable. Es la angustia de los padres. Una madre nos dijo: «Nunca me levanto ni me acuesto sin pensar qué pasará con mi hijo si me ocurre algo».


Menciona a esos cuidadores que se hacen mejores personas…
Sí, eso es real. Hace días, uno de los impulsores de una de estas ONG, Stéphane Benhamou, logró que contrataran como guía en el museo del Louvre a uno de los jóvenes autistas. Al principio contaron con él para seguridad, para que la gente no tocara los cuadros y, de tanto oír las explicaciones, se las aprendió. Y Stephan no sabía que era capaz de esto. La inclusión funciona. Hemos hecho una reflexión haciendo esta película de que la sociedad es muy ruidosa y cuando escuchamos el silencio, el silencio nos habla.  


Habla de concordia entre un judío y un musulmán por un motivo humanitario. ¿Ese debería ser el camino para solucionar cualquier discrepancia, en este caso, religiosa?
Eso forma de uno de los ladrillos de este proyecto. La religión está en su lugar. Y es que estos dos hombres, porque lo que contamos es auténtico, no solo se ocupan de los niños de su comunidad sino de todo el mundo. La religión es algo íntimo y forma parte de su misión de ayudar a los demás y sirve para unir a la gente. La única discrepancia de los cuidadores es el fútbol.


Tras haber visto el problema tan cerca, ¿cree que se podría avanzar si se contara con más medios económicos? 
Necesitamos medios, porque el precio por día para cuidar a estos niños es muy alto. En Francia, hay que esperar de tres a seis meses para la primera cita, llevamos mucho retraso, en concreto en la creación de un hospital de día, en los límites de París, para recoger a estos niños. Hay 700.000 jóvenes adultos diagnosticados, algunos ingresados en psiquiátricos o en casa.