Las botas militares vuelven a pisar la calle

Agencias
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Las movilizaciones sociales en países como Bolivia o Chile han llevado a los Gobiernos a recurrir de nuevo al Ejército y dejar el control de los disturbios en manos de los soldados

Las botas militares vuelven a pisar la calle - Foto: ERNESTO GUZMAN

Las protestas sociales en América Latina han devuelto a las calles al Ejército, que durante años ha permanecido casi al margen de las crisis políticas de la región. El ejemplo más claro y contundente de este nuevo papel de los militares se dio el pasado 10 de noviembre, cuando el comandante de las Fuerzas Armadas de Bolivia, Williams Kaliman, vestido con uniforme de campaña, forzó la renuncia del presidente Evo Morales.
Sin ir tan lejos, Chile y Ecuador también han usado a los soldados en el control social de los disturbios y en el mantenimiento del orden público, desplazando a la Policía de sus labores constitucionales. «La tendencia a la remilitarización se constata, en distintos grados, en el grueso de la región. En Ecuador, Chile o Bolivia se da un uso cada vez más claro para reprimir protestas y criminalizar a la sociedad civil», declara Francisco J. Verdes-Montenegro, investigador del Instituto Complutense de Estudios Internacionales. 
La Historia de Latinoamérica está plagada de intervenciones y dictaduras de corte militar que aún se recuerdan con dolor. Desde Augusto Pinochet en Chile hasta Jorge Videla en Argentina o desde Humberto de Alencar Castelo Branco en Brasil a Juan Velasco Alvarado en Perú, América Latina ha sido dirigida desde los cuarteles durante parte del siglo XX.
Las botas militares vuelven a pisar la calle Las botas militares vuelven a pisar la calle «El uso de militares en la respuesta al desencanto social puede traer un recordatorio a esas épocas en que había un control extremo del Ejército. Pero es un reflejo de ineficacia de los gobernantes», destaca Olga Lucía Illera, profesora de la universidad colombiana Jorge Tadeo Lozano. Según agrega, no se puede calificar de «golpe militar blando» lo ocurrido en Bolivia estas últimas semanas. Sin embargo, en su opinión, sí esconde un riesgo grave: «La teoría habla de uso de la fuerza donde el militar se hace con el poder y el caso boliviano es una variante nueva. Las Fuerzas Armadas asumen un poder moderador, no van con tanques o armas, entran para solucionar situaciones, intervienen por ineptitud», considera.
La participación de las Fuerzas Militares en el orden público compromete los Derechos Humanos. Tanto es así, que organizaciones como Amnistía Internacional, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la ONU han reprobado el uso de la fuerza excesiva en las protestas de estos días.
Este nuevo papel, para Verdes-Montenegro, supone aplicar la «lógica propia de los entornos bélicos» a una protesta social vulnerando garantías y derechos propios de la democracia. «Desde hace años, los mandatarios latinoamericanos han usado como navajas suizas a los militares en funciones como policías, bomberos o antidisturbios y alejadas de las tareas que les corresponden», agrega.
verde caqui. Pero el color verde caqui no es una nueva tendencia de esta temporada primavera-verano. El protagonismo del factor militar en la política latinoamericana ha adquirido mayor presencia en los últimos años. Basta recordar, en 2010, el auxilio militar al que recurrió el expresidente ecuatoriano Rafael Correa ante las protestas policiales, o el uso «policial» del Ejército en algunos países de Centroamérica para la lucha contra el narcotráfico o la defensa de empresas estratégicas.
En los últimos meses, otras historias con uniforme han copado los titulares. Las operaciones militares en las favelas de Brasil ya se han hecho frecuentes en una época en donde el presidente del país, Jair Bolsonaro, es un capitán retirado y su vicepresidente, Hamilton Mourao, es un defensor de las Fuerzas Armadas durante la dictadura.
En este rearme castrense hay que incluir también a México. La propuesta de Andrés Manuel López Obrador de crear la Guardia Nacional para defender la seguridad del país refuerza, según los expertos, el carácter militar del orden público. 
De otra forma, pero significativa, estos días se han vuelto a ver soldados patrullando por Colombia. El general Luis Fernando Navarro, máximo comandante del país, ha dispuesto que las tropas se concentren «en máximo estado de alerta». 
La presencia militar en algunos Gobiernos de la región tampoco es ninguna sorpresa. A medida que se ha ido agudizando la crisis política y social en Venezuela, Nicolás Maduro ha ido incrementando el poder de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. «Los militares se han vuelto parte de la estructura de un partido político, ya no son una fuerza profesional, son casi Gobierno», declara Illera.
En este caso, como en Cuba, la fortaleza del Estado se sujeta en gran parte en el apoyo militar interesado -control de empresas estatales, privilegios- que mantiene el estatus actual sin tener en cuenta los deseos de cambio en la población.
El hecho de que se valore una intervención armada en Venezuela por parte del presidente de EEUU, Donald Trump, también es un síntoma de que el mensaje de la fuerza está calando en el continente. De hecho, Trump ya ha mandado al Ejército para controlar los pasos fronterizos de su país con México.
Como señala Verdes-Montenegro, «la remilitarización implica un retroceso de la democracia». Por eso, en estos días, palabras ya olvidadas como dictadura, golpe de Estado o Junta Militar han vuelto a poblar las conversaciones en Latinoamérica.