La obsesión de Trump

M.R.Y. (SPC)
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El presidente amenaza y apela al discurso del miedo para conseguir que se aprueben los fondos necesarios para construir el muro con México

La obsesión de Trump - Foto: KEVIN LAMARQUE

Es un hecho que muchas de las promesas que los políticos hacen en las campañas electorales acaban en el limbo de las intenciones. Pero no parece ser el caso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha convertido la propuesta estrella del discurso que le llevó a la Casa Blanca en una auténtica obsesión que quiere llevar a cabo, sin importar las consecuencias que su obcecación pueda tener. 
«Yo construiría un gran muro, y nadie construye muros mejor que yo, creánme. Y lo construiré a muy bajo coste. Levantaré un gran muro en nuestra frontera sur y haré que México lo pague», proclamó en junio de 2015 en un acto en Nueva York, la primera vez que se refirió a la financiación de la controvertida medida.
Desde entonces, su plan fue tomando forma y, todavía siendo candidato, aseguró que el país azteca se encargaría de abonar los entre 5.000 y 10.000 millones de dólares que estima que cuesta la infraestructura, prohibiendo las remesas de mexicanos viviendo en EEUU hacia sus familias; reduciendo el déficit comercial con su vecino; incrementando los impuestos de los visados de los ciudadanos que llegasen desde el sur...
En todo momento, Trump insistió que el gasto de su proyecto lo sufragaría el Gobierno mexicano, a pesar de que tanto el expresidente Enrique Peña Nieto como su sucesor, Andrés Manuel López Obrador -que asumió el cargo el pasado 1 de diciembre-, han rechazado frontalmente esa idea. Pero en las últimas semanas ha ido más allá, aseverando que «México está pagando por el muro».
Su justificación para pronunciar esa frase es que las arcas aztecas ya están sufragando la construcción de la valla fronteriza gracias al dinero que Estados Unidos ahorra a través del nuevo acuerdo comercial, T-MEC, firmado entre ambas naciones y Canadá el pasado noviembre y que aún no ha sido aprobado por el Congreso de Washington, por lo que todavía no ha entrado en vigor.
De hecho, su argumento es tan estéril que sus hechos le delatan.
A pesar de presumir de su «arte de negociar» para alcanzar el éxito en su carrera profesional, el empresario no ha conseguido poner en marcha esa capacidad en su corta trayectoria política y su promesa del muro, quizá la más sonada de toda la campaña, se ha quedado, de momento, en el aire, precisamente por falta de acuerdo.
Trump exige a la oposición demócrata, que ahora controla la Cámara de Representantes, que se destinen 5.000 millones de dólares de las arcas públicas para financiar esa valla que, supuestamente, ya estaba pagando México. Y, lejos de buscar consenso, ha optado por amenazas y desplantes -hace unos días, se levantó de una reunión con legisladores liberales tras apenas unos minutos alegando que estaba «perdiendo el tiempo»- y llevando al país a un cierre de la Administración federal récord que puede dejar devastadoras consecuencias económicas.
Pero al mandatario poco le importa. Él sigue firme en su idea y poco le preocupa qué o a quién se lleve por delante. 
El rechazo de los demócratas a dedicar dinero al muro no ha hecho sino aumentar la obcecación del republicano, que el pasado día 10 visitó la frontera sur y alertó de que la situación «es peor de lo que la gente cree». Se refería así a la falta de seguridad que, a su juicio, reina en los límites territoriales, el principal argumento que esgrime para justificar la edificación.
«Esta es una crisis humanitaria y una del corazón y del alma; el mes pasado, 30.000 migrantes niños fueron traídos ilegalmente al país y son usados como elementos por las pandillas», aseguró el día anterior a su viaje en un mensaje televisado dirigido a la nación. «Una de cada tres mujeres son agredidas sexualmente en el peligroso viaje a través de México», agregó, para incidir en la masiva entrada de drogas por esa frontera.
El mensaje «del miedo» fue recibido con escepticismo desde la bancada opositora. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, insiste en que «todos estamos de acuerdo en que necesitamos proteger nuestras fronteras», pero no a costa de que Trump tenga «al pueblo estadounidense como rehén» y «fabricando una crisis» para salirse con la suya.
Pero el magnate tiene claro su propósito. Desde antes, casi, de ser candidato a la Casa Blanca. Y parece que no va a descansar, o a dejar descansar a su país, hasta conseguirlo. O hasta que alguien le pare.