A la conquista de nuevos territorios

J. Villahizán (SPC)
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A la conquista de nuevos territorios

El lobo ibérico, una especie amada y odiada a partes iguales, se abre camino a través de la Comunidad de Madrid con el fin de alcanzar la zona meridional de la Península y repoblar el sur de Europa

Hablar del lobo en España es rememorar a uno de los naturalistas y divulgadores más conocidos del país, el burgalés Félix Rodríguez de la Fuente, un verdadero amante y defensor de un animal repudiado desde la Edad Media, el Canis Lupus Signatus.
Pocos especialistas han sentido y sienten lo que Félix profesaba por este mamífero. Su pasión por el lobo ibérico iba mucho más allá de un mero análisis científico de la especie y quiso darle vida: crear una relación amistosa y de colaboración entre el hombre y el lobo.
Cuatro décadas después de la muerte de este naturalista y productor de documentales, España sigue debatiendo entre la necesaria protección de un animal muy nacional y el recelo a considerarlo uno de los mamíferos más importantes de la fauna nacional.
Con sus seguidores y retractores divididos prácticamente al 50 por ciento, el Canis Lupus Signatus se ha tenido que ir haciendo un hueco en el territorio salvaje, a pesar de los distintos niveles de protección de los que goza. 
El lobo es una especie preservada al sur del río Duero por la directiva europea Hábitats, aunque a pesar de tener a la ley de su lado se ha topado con una serie de obstáculos difíciles de superar, como son las grandes infraestructuras y vías de comunicación propias del siglo XXI en el anillo central de Madrid.
Gracias a esa protección, el lobo campa a sus anchas por Castilla y León y parte de la Sierra de Guadarrama, pero le es prácticamente imposible superar las barreras físicas de carreteras, vías férreas e infraestructuras de todo tipo de la capital de España y dar el salto a Castilla-La Mancha y de allí a Andalucía. Por eso, los defensores de este animal y los responsables de Medio Ambiente de las Administraciones muestran su preocupación por la conservación y expansión del lobo hacia el sur de la Península ibérica.
Máxime cuando se han conocido recientemente diferentes atropellos de este mamífero en las carreteras de la Comunidad de Madrid. Por ello, son muchos, desde partidos políticos a sindicatos de forestales y expertos naturalistas, los que abogan por la necesidad de crear pasos de fauna en los puntos negros de las carreteras y poner señales de tráfico que adviertan a los conductores de la presencia de estos animales.
40 ejemplares. Hasta el momento, los esfuerzos encaminados a preservar al lobo en el centro del país han logrado que, al menos, cinco manadas, formadas por un total de 40 individuos, sean prácticamente madrileñas. Dos de ellas estarían asentadas en la zona, aunque sin reproducción, y las otras tres vivirían a caballo entre las provincias de Segovia y Ávila con la limítrofe Madrid.
Sin embargo, no todo es tan favorable como parece a priori para la repoblación de este depredador en la capital y su posterior expansión hacia el sur, ya que uno de los principales sustentos de estos animales, la caza de corzos y jabalíes, apenas existe en la vertiente central del país.
«Hay pocas presas naturales, por lo que los lobos casi no tienen comida y, en consecuencia, se incrementan los ataques al ganado», describe gráficamente Fernando Palacios, presidente del recién creado Observatorio del Estado de Conservación del Lobo.
Como recuerda Odile Rodríguez de la Fuente, «mi padre encontraba en la mirada del lobo, no solo un puente directo a la naturaleza más salvaje e insondable, sino una oportunidad para conocer mejor el pasado, presente y futuro del Homo Sapiens». 
Un mensaje que sirve para permitir que el Canis Lupus Signatus siga su camino hacia el sur de la Península de forma libre y con el respeto y la admiración de una sociedad que se siente orgullosa de su fauna más salvaje.