Boris: el "payaso" más listo del circo

A. Domenech (EFE) / Londres
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El 'premier' ha sabido aprovechar el laberinto en el que se ha sumido el país desde el referéndum de 2016 para mostrar sus dotes artísticas y convencer a la población de la necesidad del Brexit

Boris: el "payaso" más listo del circo - Foto: Stefan Rousseau / POOL

Boris Johnson, a menudo comparado con un «bufón» o con un «payaso» -no solo en el Reino Unido, sino también fuera de las fronteras británicas-, ha demostrado con su victoria electoral ser el más listo del circo de la política de su país, donde los ciudadanos aplaudieron en las urnas su actuación estelar en una tragicomedia titulada Brexit.
Y es que solo BoJo, como le llaman los medios anglosajones, o Boris, como le conoce la gente, podía conseguir con sus dotes de político, periodista y actor hacer reír y llorar a toda esa audiencia que ha seguido su interpretación desde el referéndum de 2016 para la salida del país de la Unión Europea.
Una larga ovación de mayoría absoluta ha recibido este artífice de sonrisas entre quienes, por fin, ven la luz al final del túnel de un insufrible culebrón y de lágrimas entre aquellos que lamentan el mayor fracaso de Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Con el respaldo conseguido en la Cámara de los Comunes, el primer ministro podrá sacar adelante el acuerdo consensuado con Bruselas para que el divorcio se produzca en la fecha estipulada: el 31 de enero. «Brexit significa Brexit», esta vez sí.
Para llegar hasta aquí, se ha servido de manifiestas falsedades que impulsaron a la gente a votar contra el bloque comunitario y de un populismo que le ha llevado a barrer al eurófobo Nigel Farage.
Sea lo que depare el destino a este país, el Reino Unido y su relación con Europa penden ahora de las manos del protagonista de esta pieza teatral: Alexander Boris de Pfeffel Johnson, nacido el 19 de junio de 1964 en Nueva York.
Cuando su aristocrática familia regresó poco después al Reino Unido, estudió en el elitista internado de Eton y en la universidad de Oxford, donde ya despeinaba su alocado pelo amarillo.
Su carrera comenzó en el periodismo con polémicos artículos en el Daily Telegraph y en The Times, donde fue despedido por inventarse una cita.
De 2008 a 2016 fue alcalde de Londres y tras batallar por la salida de la UE, fue nombrado ministro de Exteriores por la víctima expiatoria de este proceso, Theresa May, cargo del que dimitió en 2018 porque deseaba una ruptura más radical con el bloque comunitario.
Tras ser coronado como premier el pasado julio, sin mediar elecciones, batió el récord de perder sus 10 primeras votaciones en el Parlamento, de cerrarlo ilegalmente metiendo a la reina en un embolado y de causar la salida de una veintena de sus compañeros.
Tampoco han hecho mella en él los gritos de miles de personas que en multitudinarias protestas le han pedido un segundo referéndum.
Desde que sucedió a May, ha estado siempre inmerso en una especie de campaña electoral.
Si no hay Brexit, advirtió, el Partido Conservador se enfrentaría a una «potencial extinción», y armado de su extraordinaria seducción, de la que también hace alarde con las mujeres en sus variados escándalos, ha arrasado con todos.
En su primer discurso una vez nombrado por Isabel II anunció contra todo pronóstico que lograría «un acuerdo mejor» con Bruselas y avisó a quienes lo dudaban de que «nadie en los últimos siglos ha tenido éxito apostando contra el nervio de los británicos».
El pánico escénico lo causaba un divorcio duro que se aventuraba como el fin del mundo. Ahora, con el respaldo al nuevo pacto, que supuestamente no enfrentará ningún escollo en la Eurocámara, el planeta parece respirar un poco más tranquilo.