El juego de las sillas

Agencias
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Varios diputados se enfrentan por ocupar los asientos más destacados del Hemiciclo

El juego de las sillas - Foto: Eduardo Parra

El bipartidismo tendría cosas buenas y cosas malas, pero una ventaja que nadie le puede discutir es que los diputados, del partido que fueran, tenían claro en qué pupitre tenían que sentarse cuando llegaba el primer día de colegio en el Congreso. Ahora eso no pasa y la cosa, a veces, acaba en trifulca. Los de derechas o de centro derecha, llámese UCD, AP o PP, se aposentaban a la diestra de la Presidencia. Los de izquierdas, léase PSOE, PCE o IU, buscaban sitio en la bancada de ese lado, mientras que los nacionalistas y regionalistas de todo pelaje y condición se sentaban hacia el centro del Hemiciclo, además de quedar arrinconados en ocasiones en el gallinero. Esa costumbre, fruto de décadas de aplicación silenciosa de la llamada cortesía parlamentaria, se rompió en el momento en que la nueva política llegó al Congreso.
El primer día de Pleno, los escaños no están asignados y cada uno se sienta como puede. Tiempo atrás, se respetaba más o menos el espacio de cada grupo, pero ahora, con más peces en el mismo acuario y de distintos colores, buscar un escaño libre se convierte en la ley de la selva.
Así, la escena de este juego de las sillas llegó a ser ayer por momentos cómica. Ciudadanos ha pasado de 57 escaños a solo 10, mientras que Vox ha doblado su número, de 24 a 52. El choque de trenes por el espacio vital se veía venir. Los mermados diputados naranjas pretendían sentarse más o menos donde hasta ahora pero los de Abascal, que ahora ocupa el doble de bancada y antes estaba marginado en el gallinero, no estaba ni mucho menos por la labor. 
Minutos antes de que arrancara el pleno, el diputado de Cs Marcos de Quinto intentó sentarse en su viejo escaño y se encontró con que ya estaba ocupado por un parlamentario de Vox. En ese momento se produjo un breve rifirrafe con algún empujón de poca importancia. Un incidente que parece una metáfora de la batalla por el espacio ideológico de la derecha.
Más precavidos, en el área central y temiendo invasiones, el PNV hizo madrugar a los suyos para mantener sus puesto.