'Operación investidura'

Leticia Ortiz (SPC)
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El Ejecutivo de coalición está a punto de ser una realidad, pero Pedro Sánchez tiene que recibir antes la bendición del Congreso. La derecha denuncia que los socialistas están poniendo en peligro la unidad de España solo para mantenerse en el poder

'Operación investidura' - Foto: SUSANA VERA

En este encadenamiento de sucesos históricos que los españoles presencian, con mayor o menor hastío, desde hace ya muchos meses, los próximos días engrosarán el listado de acontecimientos insólitos que vive el país. Así, este fin de semana, Sus Majestades de Oriente, fieles a su cita anual con los más pequeños de la casa, compartirán espacio en los medios de comunicación con el debate de investidura de Pedro Sánchez. En una nación acostumbrada a reírse de su sombra, mejor hacer coincidir el trámite con los Reyes Magos que con el 28 de diciembre, día de los inocentes. Está claro. 
Si todo sale según lo previsto por el candidato propuesto por otro Monarca, Felipe VI, el martes 7 dormirá en La Moncloa como inquilino de pleno derecho, obviando ya la coletilla de «en funciones» que durante tantos meses le ha acompañado. Se pondrá fin -nadie se atreve a apostar por cuánto tiempo- a la inestabilidad que ha llevado a los ciudadanos a acudir a las urnas dos veces en apenas 12 meses. Cuatro comicios generales en cuatro años. Alguno echará de menos la incertidumbre de saber si le ha tocado ser parte de una mesa electoral si 2020 acaba sin los colegios abiertos por enésima vez.
No ha sido sencillo para el líder socialista quedarse en propiedad con aquel colchón que compró nada más llegar al Palacio Presidencial tras desalojar del poder a Mariano Rajoy a través de la primera moción de censura exitosa de la democracia. La aritmética parlamentaria es caprichosa y, con el bipartidismo muerto -aunque no se sabe si enterrado-, la fragmentación del Hemiciclo en las últimas citas con las urnas ha convertido el trayecto hacia la investidura en un camino de Santiago largo y lleno de complicaciones. De hecho, no será la primera vez que Sánchez se someta al juicio del Congreso.
Después de disolver las Cortes al ver rechazados sus Presupuestos, el PSOE se proclamó vencedor de los comicios el 28 de abril del recién acabado 2019. Los números, sin embargo, no le acompañaban para superar en solitario el trámite en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo. Al contrario que ahora, además, las negociaciones con Unidas Podemos no llegaron a buen puerto, con un duro enfrentamiento que parecía, incluso, cerrar las puertas a un posible entendimiento en el futuro. «Yo podría ser hoy presidente del Gobierno, pero no dormiría tranquilo por las noches. Diría más, el 95 por ciento de los ciudadanos de este país, incluyendo a algunos votantes de Unidas Podemos, no dormirían tranquilos si hubiera personas del círculo cercano al señor Iglesias sentados en el Consejo de Ministros», señaló entonces Pedro Sánchez.
Cuando la cuenta atrás legal llegó a su fin, la XIII legislatura quedo finiquitada y los españoles fueron convocados a unas nuevas elecciones para el 10 de noviembre.
victoria y pacto. Apenas 48 horas después de los comicios, que arrojaron una nueva victoria del PSOE, llegó la firma del acuerdo entre los socialistas y Unidas Podemos. Atrás quedaron las frases gruesas de unos contra otros. Todo se olvidó con un abrazo. Al contrario que en abril, al presidente en funciones no le quedaba la opción de Ciudadanos para intentar formar Gobierno tras la debacle de los naranjas en las urnas. Así que se echó en los brazos de Pablo Iglesias. Literalmente, como así reflejan las fotografías de aquella jornada y también la que ilustra esta página, tomada el pasado jueves 30, cuando ambos líderes presentaron lo que será el primer Ejecutivo de coalición de la democracia patria.
La unión de socialistas y morados, sin embargo, no servía -en solitario- para superar la investidura. Comenzaron entonces las negociaciones «discretas» con el resto de grupos, con atención especial del PSOE para con los independentistas, los nacionalistas y los regionalistas. Es decir, aquellos que ya en su día ayudaron a derrocar a Rajoy.

 

Los socialistas y los morados han olvidado sus reproches mutuos para poder pactar

Pero, como ha ocurrido tantas veces desde la Transición, esos partidos no iban a dar su apoyo de forma gratuita. El célebre "café para todos" de Alfonso Guerra, pero elevado a la enésima potencia, ya que la llave del poder estaba -y aún está- en sus manos. Algunos, como los canarios, los cántabros, los valencianos o los turolenses, recién llegados, pero con las cosas claras, limitaron sus exigencias a las inversiones en sus territorios. Nada nuevo.
El PNV, que habitualmente se contentaba con la transferencia de competencias y con dejar la anomalía del Cupo Vasco como está, dio un paso más, animado quizá por la necesidad extrema del PSOE por sumar escaños. Metió Navarra, la expulsión de la Guardia Civil y las selecciones deportivas de Euskadi en el paquete de exigencias. Y recibió un sí por respuesta a cambio del apoyo en el Congreso.
Pero quien echó el órdago de mayor envergadura fue ERC que, con sus 13 diputados podía tumbar la investidura. Ni la supuesta independencia judicial ha sido respetada por los separatistas en sus peticiones, como se ha visto con la Abogacía del Estado y su informe favorable a los intereses del líder encarcelado de los republicanos, Oriol Junqueras. La mesa de diálogo «de igual a igual», con consulta posterior a los catalanes, también entró en la negociación, sin que los socialistas pusieran una línea roja. «Los acuerdos están dentro del marco de la Constitución», repiten desde Ferraz, donde ya respiran tranquilos sabiendo que la superación del trámite parlamentario en la segunda votación -la que solo requiere una mayoría simple, es decir, más síes que noes- está asegurada, salvo sorpresa mayúscula.
Y, mientras, desde la derecha se asiste a las negociaciones entre el enfado y la incredulidad, pero sabiendo que, una vez negada la abstención, poco más pueden hacer. PP, Vox y Ciudadanos arremeten contra el PSOE con dureza por poner en peligro la unidad de España con tal de mantenerse en el poder. Acusan a Sánchez de venderse al independentismo mientras, en el caso de los populares, proponen un gran pacto de los grandes partidos. Un brindis al sol, en todo caso, puesto que el líder socialista ya ha elegido.