El orgullo del campeón ante la necesidad rusa

SPC
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El orgullo del campeón ante la necesidad rusa - Foto: Rodrigo Jimenez

El Real Madrid quiere demostrar ante un apurado CSKA que mantiene vivas todas sus aspiraciones de alzarse con el máximo título continental por cuarta vez consecutiva

El Real Madrid, vigente campeón de Europa, que encara con total tranquilidad la última jornada de la fase de grupos de la Champions al tener el primer puesto certificado matemáticamente, pone en juego el orgullo ante el equipo que le venció en Moscú, un CSKA (18,55 horas/Mov. L. de C. 1) que se juega su continuidad en Europa League.
Con la imagen siempre en juego del ‘rey del torneo’, el cuadro blanco encara el último encuentro del grupo con los deberes hechos. Esto da la oportunidad a Solari de dar minutos a jugadores que quieren escapar de su actual rol tras perder importancia, como Isco o Marco Asensio, y premiar a otros que han pasado a un segundo plano como Keylor Navas.
El cuadro merengue reaccionó bien, con pleno de victorias desde la segunda jornada, cuando cayó por sorpresa en la visita a la capital moscovita en un choque que dejó tocado a Lopetegui. Las victorias en el duelo directo por el liderato ante la Roma cambiaron el panorama y el firme caminar del campeón en la competición.
Con las bajas por lesión de Nacho, Reguilón, Casemiro y Mariano, el entrenador argentino debe decidir si es un partido para que vuelvan Marcelo y Kroos ante la necesidad de que, recuperados de sus lesiones, ganen ritmo de competición. En función de su decisión jugarían Carvajal como ‘parche’ provisional al lateral izquierdo y Ceballos en el centro del campo.
Por su parte, el CSKA llega a Concha Espina sin opciones de clasificarse para los octavos de final, pero con el estímulo de seguir compitiendo en febrero en la Europa League, para lo que necesita, como mínimo, un empate.
Empatados a cuatro puntos con el Viktoria, los moscovitas necesitan puntuar y esperar que los checos caigan ante los capitolinos en un partido que se disputará en Plzen. Aunque desde entonces los euroasiáticos no volvieron a sumar puntos, no olvidan que lograron su única victoria en el estadio Luzhnikí ante el equipo entonces dirigido por Julen Lopetegui, al que penalizó un fallo garrafal de Kroos.
El equipo del Ejército ruso caería después ante la Roma por dos veces y ante el Viktoria en Moscú, por lo que de revelación pasó a convertirse en decepción, tras pagar caro la poca experiencia de un equipo titular que no supera los 23 años de media.