Coronado el Rey de la Faba del centenario

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El acto, celebrado en la Catedral de Pamplona, ha coronado al niño Aimar Irisarri Cía

Coronado el Rey de la Faba del centenario - Foto: NATV

El niño Aimar Irisarri Cía ha sido coronado este sábado en Pamplona Rey de la Faba, en un acto organizado por la sociedad pamplonesa Muthiko Alaiak en la Catedral de Pamplona, al que han acudido miembros de la Corporación municipal.

La ciudad acoge así el acto de coronación en el año del centenario de esta celebración medieval, recuperada en 1920 por Ignacio Baleztena y continuada por la sociedad Muthiko Alaiak.

Aunque el acto de coronación como tal ha sido por la tarde, la celebración ha comenzado horas antes con el pregón, que después se ha repetido a lo largo de las calles y plazas de los antiguos burgos de Pamplona, acompañado de música y danzas medievales.

La comitiva ha partido de los locales de la sociedad Muthiko Alaiak, en la calle Estafeta 57, hasta la Plaza del Castillo, recorriendo los antiguos tres Burgos: Estafeta, Mercaderes, Plaza Consistorial, San Saturnino, Mayor, Hilarión Eslava, Plaza San Francisco, Plaza del Consejo, San Antón, San Miguel, Plaza de San Nicolás, Paseo Sarasate para terminar así en la Plaza del Castillo.

Según ha explicado el Ayuntamiento de Pamplona en una nota, en este pasacalles participaban el grupo de danzas y música medieval de Muthiko Alaiak y de Danserie, los caballeros de la Orden de la Jarra, representantes de la Asociación de Cetrería de Navarra y la Comparsa de Gigantes de Alde Zaharra.

Ya por la tarde, los participantes de la ceremonia de coronación han desfilado desde de la sociedad Muthiko Alaiak hasta la Catedral, recorriendo las calles Estafeta y Curia.

El cortejo ha estado presidido por el Rey de Armas, acompañado de heraldos y antorcheros, escuderos, dantzaris y músicos, y caballeros y damas ataviados con prendas de época. A todos ellos les seguían los representantes de los pueblos y buenas villas, nobleza y clero; los tres brazos que componían las Cortes de Navarra.

El futuro Rey de la Faba iba escoltado por el Príncipe de Viana y Doña Blanca de Navarra, precedidos de los pajes con los atributos reales: corona, capa, cetro, espada, el alba con que el Rey de la Faba sería ungido por el Obispo de Pamplona con los Santos Óleos, cerrando el desfile el cortejo del Rey de Navarra.

Cortesanos, guerreros, bufoncillos y heraldos, han acompañado al Rey y han portado el pavés Real.

Ya en la catedral, el nuevo Rey de la Faba ha sido coronado según el rito que seguían los reyes y reinas de Navarra, en un acto que reproduce con gran fidelidad la ceremonia medieval, atendiendo a los documentos que se conservan en la actualidad.

Tras realizar el obligatorio juramento de guardar y defender los Fueros y libertades de su pueblo, el nuevo Rey de la Faba se coloca él mismo la corona sobre la cabeza, y la ceremonia termina con el alzamiento del nuevo Rey sobre el pavés y el aurresku de honor.

En el acto ha actuado la Capilla de Música de la Catedral con el acompañamiento musical del grupo de música medieval Danserie y del Ensemble de Chirimias Miguel de Arrózpide. Además, dado el lugar elegido para la coronación en el año del centenario, se ha realizado un homenaje a los Reyes de Navarra enterrados en la Catedral de Pamplona y en cualesquiera otros lugares del Reino de Navarra.

El punto final a la fiesta lo pondrá la actuación de los dantzaris de Muthiko Alaiak, la Comparsa de Gigantes de Alde Zaharra y de los guerreros de la Orden de la Jarra, en la Plaza Consistorial, que dará pie a una cena “medieval”.

La festividad del Rey de la Faba fue instaurada en la Edad Media por el rey Teobaldo I, cuando los reyes navarros acostumbraban a ofrecer el día de La Epifanía (celebración de los Reyes Magos) una comida entre los niños y niñas más necesitados. Quienes asistían recibían una porción de rosco, en el que previamente se había introducido un haba, y quien la encontraba al comérsela era proclamado monarca por un día.

Entre 1381 y 1439 se coronaron Reyes de la Faba en localidades como Pamplona, Sangüesa, Puente la Reina, Tafalla, Estella, Olite o Tudela. La fiesta se desarrollaba siempre en el lugar donde estuviera el soberano y, en su ausencia, la soberana.

La celebración, caída en el olvido, fue recuperada en 1920 por Ignacio Baleztena, una nueva etapa en la que el niño o niña que encontrase el haba en el rosco sería sometido a una cuidada ceremonia de coronación al estilo de las que vivieron los monarcas navarros, aplicándosele el mismo ritual con el que Carlos III fue coronado en la Catedral de Pamplona en 1390.

El acto se celebró de forma íntima hasta 1964, año en el que la sociedad Muthiko Alaiak decidió llevarlo, de forma itinerante, por las localidades navarras, para dar a conocer esta antigua tradición. Desde entonces, se han coronado más de cincuenta reyes y reinas de toda la geografía navarra.