Arata Isozaki. El creador nacido del vacío de la guerra

A. G. de Francisco (EFE)
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Los efectos devastadores de las bombas caídas en la Segunda Guerra Mundial marcaron la trayectoria del japonés, último Premio Pritzker

Arata Isozaki. El creador nacido del vacío de la guerra - Foto: DANIEL DAL ZENNARO

Cuando Arata Isozaki solo tenía 12 años, las bombas atómicas cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki, ciudades cercanas a su Oita natal. El vacío que dejaron a su alrededor le hizo plantearse cómo reconstruir los hogares y las ciudades, y de ahí surgió un arquitecto que acaba de ganar el Premio Pritzker.
Nacido en 1931, los efectos de la Segunda Guerra Mundial marcaron así la vida y la trayectoria profesional de un hombre considerado un genio en su campo, que creció con la idea de que los edificios son temporales y que, mientras existen, deben complacer los sentidos de los usuarios.
«Cuando fui lo bastante mayor para comenzar a entender el mundo, mi ciudad natal estaba destruida. En la orilla de enfrente, la bomba atómica había caído sobre Hiroshima, así que crecí en la zona cero», reconoce el último Pritzker.
«Estaba completamente en ruinas -recuerda-, no había arquitectura ni edificios, ni siquiera una ciudad. Solo me rodeaban barracas y refugios». Por eso, su primer acercamiento a su disciplina fue precisamente la falta de ella. Y eso le hizo plantearse «cómo la gente podría reconstruir sus hogares y sus ciudades».
A esa labor dedicó sus primeros esfuerzos como arquitecto y empezó a destacar durante la reconstrucción de Japón tras la contienda. Estudió en la Universidad de Tokio y comenzó su carrera junto a Kenzo Tange (Pritzker en 1987), aunque pronto fundó su propio estudio, Arata Isozaki & Associates, en 1963. Y se centró en la reconstrucción de su país.
«Para encontrar la forma más adecuada para resolver los problemas, no podía centrarme en un solo estilo. El cambio era la constante. Paradójicamente, eso se convirtió en mi sello», afirma.
Además, quería conocer el mundo para reflejarlo en su arquitectura, así que antes de cumplir los 30 ya había recorrido el globo. «Quería sentir la vida de la gente en diferentes lugares y viajé por todo Japón, pero también por el mundo islámico, pueblos en las montañas profundas de China, el sureste asiático y las grandes ciudades de Estados Unidos», añade.
«Trataba de encontrar oportunidades a través de las cuales me cuestionaba, ¿qué es la arquitectura?», recuerda Isozaki. Esa ha sido la pregunta a la que ha buscado dar respuesta en sus numerosos libros teóricos pero también a través de una amplia variedad de edificios, con una mezcla de estilos que se adelantó a su tiempo.
El primer ejemplo mítico de ello fue su proyectada Ciudad en el aire (1961), un plan futurista para la zona de Shinjuku, en Tokio, en la que imaginó unos enormes edificios suspendidos pero diseñados con ligereza por su principal inspiración en la naturaleza.
Aunque no se construyó nunca, fue el proyecto definitorio de la carrera de Isozaki, que comenzó a planear urbes que pudieran asumir las elevadas tasas de urbanización y plasmó sus ideas de arquitectura, pero también de diseño, música o filosofía, en muchos tratados teóricos.


Internacionalización. De este modo, en la década de los 80 era el profesional en su campo al que todos miraban, especialmente tras realizar su primer proyecto fuera de su Japón natal, el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles (EEUU), levantado entre 1981 y 1986. Un edificio de piedra roja y aluminio que juega con las formas geométricas hasta en su fuente frontal piramidal.
En 1983, empezó la construcción de otro de sus complejos más conocidos, el Palacio de San Jordi, un pabellón cubierto diseñado para los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992, aunque se inauguró dos años antes.
La sede de Disney en Florida (1990), el Centro Cultural de Shenzhen (China, 2007); el Pala Alpitout (estadio de hockey sobre hielo) de Turín (Italia, 2006); la Torre Allianza en Milán (Italia); el Centro de Convenciones de Qatar (2011) o el Museo del Arte de Kitakyushu (Japón, 1974) son algunas de sus otras obras más destacadas.
Casi seis décadas de trabajo que dejan a sus espaldas edificaciones singulares en toda Asia, Europa, Norteamérica, Oriente Próximo y Australia y que le han valido premios como el León de Oro de la Bienal de Arquitectura de Venecia en 1996; la Cruz de la Orden del Mérito Civil en España en 1997; ser nombrado Oficial de la Orden de las Artes y las Letras de Francia en 1997; o la medalla de oro RIBA en el Reino Unido en 1986.
Isozaki, que es el 46 Premio Pritzker y el octavo de Japón, recibirá el galardón en una ceremonia que se celebrará el próximo mes de mayo en París, y que estará acompañada por una lectura pública.