Matrimonio infantil: un futuro perdido

Olivia Alonso (EFE)
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De los 1.100 millones de niñas que habitan el mundo, más de un 20 por ciento se casará antes de cumplir la mayoría edad y una de cada 10 sufrirá violaciones o abuso sexual

Massaquoi viajó a España para hablar de su lucha contra el matrimonio infantil. - Foto: Luca Piergiovanni

A sus 17 años, la joven Kadiatu Massaquoi resume con un «perdí mi futuro porque quería seguir con mi educación y no tenía planes de casarme» el vuelco que dio su vida al contraer matrimonio forzado con un hombre mayor a los 14 años; una situación que viven más de 12 millones de niñas cada año en el todo el mundo.
Massaquoi, nacida en Sierra Leona, viajó a España junto a la activista pakistaní Hadika Basghir para participar en la campaña ¡No quiero! Contra el matrimonio infantil, temprano y forzado que con motivo de la conmemoración del Día Internacional de la Niña celebrado este mes desarrollaron Amnistía Internacional, Entreculturas, Save the Children y Mundo Cooperante.
«Las numerosas dificultades» por las que ha pasado Massaquoi en su vida la han llevado a luchar contra los matrimonios de niñas y los embarazos precoces, según explicaba ella en una entrevista.
Con dos hijos de tres y un año y con el apoyo de su marido, que «está muy feliz con su labor», esta joven viaja por Sierra Leona para compartir su historia con otras menores, a las que explica que «está bien casarse y tener hijos, pero a una edad posterior».
Asegura que el relato de su experiencia va calando: «Las niñas conocen mi vida y saben que lo que les cuento es cierto»; y recomienda a todas las menores que sean forzadas a casarse que «acudan a la Policía para hacer valer sus derechos».
Una recomendación que comparte la activista Bashir, también de 17 años, quien, además, insta a las niñas casadas a alzar su voz y denuncien los malos tratos que sufren en sus matrimonios forzados.
Según los datos de las ONG, se estima que de los 1.100 millones de niñas que habitan hoy el planeta, más de un 20 por ciento (220 millones) se casará antes de cumplir la mayoría de edad.
Y sucederá también en países como el Reino Unido o Estados Unidos, aseguran estas organizaciones, que indican que la mayor prevalencia de matrimonios de niñas con adultos se da en el África subsahariana, donde cuatro de cada 10 mujeres contrajeron matrimonio antes de los 18 años.
Además, la oenegé World Vision cifra en más de 120 millones (una de cada 10 en el mundo) las niñas que sufrirán violación o abuso sexual antes de cumplir los 20 años.

Aislamiento y malos tratos 

Con 11 años, Hadiqa Bashir inició su lucha contra los matrimonios forzosos en Pakistán en un movimiento llamado Girls United for Human Rights después de que su familia intentase casarla a los 11 años y de vivir «el aislamiento y malos tratos» sufridos por una de sus mejores amigas en un matrimonio temprano a los siete. «Cuando nos contó que se iba a casar, todas las amigas estábamos muy contentas porque nos íbamos a vestir de boda», explica Bashir, quien rememora que «éramos demasiado jóvenes para pensar en las consecuencias de ese matrimonio».
Aunque dieron por hecho que, tras la boda, su compañera volvería al colegio, nunca lo hizo y tampoco siguieron jugando con ella porque «tenía que dedicarse a las labores del hogar».
Para verla, le organizaron una fiesta en la que les confesó llorando que su marido la había pegado con una vara de hierro, lo que dejó a Bashir en shock.
Cuando su familia aceptó «una propuesta de casamiento muy buena de un taxista mayor», que ella rechazaba, Bashir comenzó su activismo y cambió su vida, después de lograr parar ese matrimonio con la ayuda de un tío que amenazó a su padre con llevarlo a los tribunales.
Según su oenegé, con datos de 2018, un 68 por ciento de las niñas se casan antes de los 16 años en Pakistán, un país en el que un 72 por ciento de la población no es consciente de «qué significa un matrimonio con una niña ni de sus derechos básicos», asegura la joven.
«Pakistán guarda silencio y ni siquiera informa sobre matrimonios infantiles, que a menudo conducen a una alta mortalidad por embarazos prematuros, ya que se considera algo normal», asegura Bashir, que recuerda el rechazo que generó el comienzo de su lucha, «incluso entre mujeres», porque no entendían que combatiera «una tradición de muchos años».
Aunque reconoce que en un día no podemos modificar esa mentalidad, está satisfecha porque «se está gestando un cambio» que espera que triunfe en las próximas generaciones. Para ello, espera seguir contando con la ayuda de los líderes religiosos de las comunidades.