Los hijos de Gandhi

Agencias - SPC
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El 'mahatma' sigue siendo la inspiración de numerosos líderes y activistas mundiales a través de una filosofía de no violencia que ha calado con fuerza en la sociedad occidental

Los hijos de Gandhi

Con sus gafas redondas, el bastón de apoyo y su resistencia no violenta, el mahatma (gran alma o jefe espiritual) Gandhi ha influenciado a algunos de los más carismáticos líderes mundiales y en el 150 aniversario de su nacimiento este pasado miércoles su figura y sus ideas continúan siendo un referente para muchos de sus seguidores.
El Dalái Lama, Martin Luther King, Nelson Mandela o Aung San Suu Kyi son los más claros sucesores espirituales de Mohandas Karamchand Gandhi, nacido en Porbandar, oeste de la India, en 1869, y asesinado el 30 de enero de 1948 en Birla Bhavan (Birla House), en Nueva Delhi, cuando se dirigía a rezar. 
Pero el líder del movimiento independentista indio que convirtió la no violencia en una poderosa herramienta política también ha contado con detractores, desde los Dalit Panthers, grupo de intocables de su India natal, hasta su asesino, Nathuram Godse, extremista hindú que lo culpó por la creación del Estado de Pakistán.
«En la India de hoy, el término gandhiano es sinónimo de conciencia social por su ejemplo de coraje, persistencia e identificación con los pobres», escribió el exdirector del diario The New York Times Joseph Lelyveld en su libro Gran alma: Mahatma Gandhi y su lucha con la India.
Quizás el ejemplo más característico de ese espíritu que emanaba Gandhi en la India actual sea la del activista Irom Sharmila, que mantuvo una huelga de hambre durante 16 años contra una ley que permite a las Fuerzas de Seguridad actuar al margen de la Justicia en algunas zonas del país.
Desde el año 2000 hasta 2016, Sharmila se negó a comer y fue alimentada a la fuerza con suero a través de una sonda, huelga que comenzó tras el asesinato de 10 personas en una parada de autobús en el pueblo de Malom, en el estado nororiental de Manipur, por efectivos del Ejército indio.
Irónicamente, la militante permaneció bajo custodia policial todos esos años, en virtud de una ley que prohibía las huelgas de hambre por considerarlas una forma de intento de suicidio.
Más recientemente y en el plano internacional, la joven activista sueca Greta Thunberg ha sido comparada con Gandhi por su lucha contra el cambio climático.
«Greta Thunberg, una adolescente sueca, ha comenzado un movimiento global basado en el principio gandhiano de la desobediencia civil no violenta», escribió recientemente el periodista Mrutyuanjai Mishra, en el diario The Times of India.
Mishra recuerda cómo la joven de 16 años comenzó en solitario sus protestas ante el Parlamento de su país hace poco más de un año y «en un estilo que recuerda a mahatma ha convertido esas huelgas escolares semanales en un movimiento universal».


Motor de transformación

Pero antes que a Sharmila o Thunberg, Gandhi sirvió de inspiración para iconos como Martin Luther King y Nelson Mandela.
«Vi cómo la doctrina católica del amor, a través del método de la no violencia de Gandhi, es una de las armas más potentes disponibles para las personas oprimidas en su lucha por la libertad», escribió el líder de los derechos civiles estadounidense.
«Durante el boicot contra el transporte público de Montgomery, Gandhi era la luz que nos guiaba», llegó a remarcar.
Mandela, que pasó 27 años en cárceles y se convirtió en el gran icono de la lucha contra la segregación racista del apartheid, es considerado el padre de Sudáfrica, y Gandhi fue uno de sus maestros.
«Nos desafió a usar la paz en una época en la que la violencia de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki explotaron sobre nosotros», afirmó el político sudafricano.
El escritor británico Jad Adams, biógrafo de Gandhi, sostiene que su legado va más allá de su lucha no violenta y que sus ideas, si bien durante parte del siglo XX se consideraron obsoletas, han vivido un renacer.
«El siglo XXI trajo un mundo en el que muchas de sus conceptos considerados excéntricos se convirtieron en la cultura dominante», escribió Adams en su libro Gandhi, Naked Ambition.
El autor cita el ecologismo de Gandhi, su rechazo del tabaco y alcohol, sus preocupaciones por las dietas, su inquietud por la sanidad o sus ayunos, todas ellas cuestiones de plena actualidad.
Pero no todos apoyaron las ideas del indio más famoso, y grupos como los Dalit (oprimidos) Panthers, movimiento de intocables que lucharon contra la discriminación de casta en los años 70, rechazaron sus principios.
Un rechazo que a día de hoy siguen compartiendo muchos de los miembros del eslabón más bajo del sistema de castas hindú.
En el otro extremo, numerosos intocables consideran que Gandhi les ofrecía caridad al pedir respeto por los limpiadores de letrinas, por ejemplo, mientras que el líder dalit y padre de la Constitución india, B. R. Ambedkar, rechazaba que ese trabajo recayese sobre ellos.
«Bapu (padre, como se llamaba a Gandhi), bapu, tú eres un enorme fraude, te odiamos», escribió la poetisa intocable Meena Kandasamy en uno de sus poemas, en el que criticaba que el mahatma no fuese más contundente contra la opresión de los dalit.
Pero sin duda el mayor crítico de Gandhi fue su asesino, el nacionalista hindú Godse, que le disparó tres veces al recriminarle la partición que dividió la India y Pakistán en 1947.
Godse consideraba a Gandhi el padre de Pakistán, país donde el líder indio carece de prestigio.
Tras 72 años de independencia, ambos países siguen enfrentados por la región de Cachemira y han librado tres guerras y numerosos conflictos menores.
Los muertos en sus fronteras son constantes en pequeños enfrentamientos, y hoy los líderes de estos Estados advierten del riesgo de una guerra nuclear.
Como dijo Gandhi: «Ojo por ojo y el mundo acabará ciego», frase que bien se podría aplicar hoy tanto a Nueva Delhi como a Islamabad.


Hipocresía política

Siglo y medio después del nacimiento de Gandhi, los políticos indios utilizan al mahatma según sus conveniencias e intereses, y no es difícil que recurran a él o a sus simbólicas gafas redondas para hablar de asuntos tan dispares como el cambio climático, el terrorismo, la corrupción o incluso la limpieza del país asiático.  
Tal es así, que el primer ministro indio, Narendra Modi, ha elegido precisamente este elemento ocular para representar uno de sus proyectos estrellas: la campaña Limpia la India, con el objeto de instalar retretes y eliminar la basura de las calles.
Pero no es el único, la mayoría de los políticos del país, independientemente del partido, se declaran seguidor del camino de Gandhi o se ven como herederos naturales de su legado.