Come comida real

María Albilla (SPC)
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El nutricionista Carlos Ríos propone con el movimiento 'realfooding' aparcar los productos ultraprocesados para regresar a los naturales

Come comida real

Carlos Ríos es el gurú de la comida real en España. A través de su cuenta en Instagram (@carlosriosq), lleva años animando a quienes quieren oírle a abandonar el consumo de alimentos ultraprocesados para regresar a los productos de antaño, a los que no necesitan etiquetas para saber qué son, a qué componentes deben su sabor o de dónde proceden. Es el movimiento conocido como realfooding.
Aparentemente, más de un lector y, probablemente, más de dos, pensarán que comen bien, que no es para tanto la moda de la alimentación saludable, pero si echa un vistazo a su despensa puede que se lleven una sorpresa. Una similar a la que vivirá el próximo día que vaya al supermercado con su cerebro en modo analítico para dedicar unos minutos a la reflexión y a analizar qué tipo de productos plagan las estanterías de las grandes superficies. Los alimentos altamente procesados imperan en unas rutinas de consumo que cada día se alejan más de lo saludable.
Precisamente, para Ríos, ese paraíso de artículos insanos que llega a las casas es lo que él llama vivir en Matrix -en honor a la película homónima en la que los humanos creen que lo que ven y experimentan es la realidad, pero están en un mundo imaginario creado para ser engañados y sometidos a los intereses de las máquinas-. ¿Cómo abandonar ese mundo? Come comida real podría ser el primer paso de un camino que implica una necesaria reeducación nutricional que conduce a unas rutinas más saludables.
«Tenía que haber una forma de diferenciar los alimentos sanos de los insanos y no podía ser por su contenido en nutrientes o calorías, puesto que de ser así podría considerarse que un plátano es menos saludable que un refresco sin azúcar o que los frutos secos no se pueden comparar con unas barritas energéticas procesadas bajas en grasas», escribe este joven dietista-nutricionista para explicar su punto de partida hacia una alimentación más saludable. Y en ese despertar tuvo mucho que ver su abuela que, como la de tantos otros, cocinaba a fuego lento y con gran sabiduría para aprovechar los nutrientes de los alimentos de toda la vida.
Ríos reflexiona sobre el arraigo que tiene el término comida basura en la sociedad y se cuestiona sobre qué es lo que realmente la gente piensa que engloba este termino. Pizzas, refrescos, hamburguesas, patatas fritas... sí, claro. ¿Y acaso son menos basura los cereales del desayuno, las galletas integrales, los embutidos light, los zumos por mucha etiqueta detox que lleven o las cremas de cacao aunque les quiten el aceite de palma? La respuesta, no.
«Hay que preocuparse por el proceso que sufre un alimento hasta que llega a tu plato y el efecto que ese proceso tendrá en tu salud», explica Ríos, que también distingue entre los buenos procesados y los ultraprocesados. A nadie se le ocurriría descartar de su dieta, por ejemplo, el aceite de oliva virgen extra, los yogures, los panes integrales, las legumbres de bote, el pescado enlatado, el jamón ibérico o las verduras congeladas que nada tienen que ver con la bollería, las galletas, los precocinados y listos para freír, los snacks o muchas salsas.
«No puedes pretender construir un cuerpo sano a partir de productos insano», concluye este emprendedor, que ha conseguido captar la atención de las generaciones más jóvenes con buenas dosis de humor en las redes sociales.
En el camino para dejar Matrix es esencial aprender, por ejemplo, a leer etiquetas. Es complicado, sí. Nadie lo niega, pero parafraseando al escritor Alvin Toffler, «los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y volver a aprender».
a largo plazo. Abusar de los ultraprocesados no causa un daño inmediato, sino que sus efectos van haciendo mella en el organismo de un modo indetectable hasta desembocar en fallos orgánicos como infartos de miocardio, ictus o ciertos tipos de cáncer. Así, los azúcares añadidos, los aceites vegetales refinados, las harinas refinadas, ciertos aditivos y la sal van mellando las células y los tejidos hasta afectar a los órganos en un proceso silente que se puede revertir abriendo la puerta a la comida real. Y Ríos aclara: «Los realfooders no hacen dieta, no intentan pasar hambre para adelgazar ni estar un mes comiendo lechuga y pechuga. Tampoco galletas 0% o productos light. Un realfooder come comida real, cuida su salud y, lo mejor de todo, disfruta con ello», zanja.