Una partida por jugar

Leticia Ortiz (SPC)
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Una partida por jugar

La campaña que comienza la noche del próximo jueves será más decisiva que nunca, ya que las encuestas avanzan la importancia de los indecisos en el resultado final, así como la fragmentación del voto

El candidato X fotografiándose con un bebé que desde su inocencia destroza la imagen con un llanto incontrolado; el aspirante Y paseando campechano por un mercado rodeado de cámaras; el líder Z estudiando papeles en el autobús de campaña con cara de cansancio... A partir de la noche del próximo jueves, viernes ya porque será cuando el reloj marque las 00.00 horas, estas fotografías volverán a repetirse, como ya sucediera en elecciones anteriores. Comenzará entonces de forma oficial la campaña, aunque muchos ciudadanos tengan la sensación de que España lleva varios meses en período preelectoral. Quince días que se presentan apasionantes por las grandes incógnitas que ni las encuestas son capaces de despejar. 
Hasta que el próximo domingo 21 de abril los medios de comunicación tendrán libertad para publicar sondeos, luego estará prohibido por ley, las estadísticas jugarán un papel fundamental de cara a la fiesta de la democracia. A pesar de los últimos patinazos, con Andalucía como punta de lanza, las tendencias que muestran las encuestas marcan ya el previsible triunfo del PSOE, la dura pugna por el voto de centro-derecha, el peso de los indecisos y el enrevesado mapa de posibles alianzas para llegar a la Moncloa. 
Estas cartas marcadas podrían ser claves durante estos 15 días. Así, los partidos arrancarán la campaña con la idea de que los socialistas ganarán los comicios. Desde que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciara el adelanto de las generales, se han conocido más de una docena de sondeos en los que se da como claro vencedor a su partido, con una horquilla de entre 104 y 134 escaños. Precisamente, esa variación entre el resultado más bajo y el más alto resultará clave para los posibles pactos. De ahí que los socialistas se hayan fijado la movilización de los electores como la gran obsesión de la campaña, ya que están convencidos de que una gran cifra de participación les acercará a los 134 parlamentarios.
De esta manera, el PP dejaría de ser el partido con más apoyo en las urnas y, según las estimaciones demoscópicas, no pasaría del centenar de escaños -logró 137 en 2016-, si bien algunas le sitúan, incluso, por debajo de los 80. Los populares son conscientes de estas cifras y del motivo de esa caída: la fragmentación del voto del centro-derecha. Por ello, dedicarán sus mayores esfuerzos estas dos semanas en incidir sobre la necesidad del voto útil. Sus mensajes parece que irán en esa dirección, alertando a los españoles que apoyar a Ciudadanos o a Vox solo beneficiará a la izquierda.
irrupción de vox. La presencia de cuatro partidos en 2015 y 2016 dificultó la labor estadística, al no existir referencias anteriores sobre su posible comportamiento en una cita electoral. Por ejemplo, el partido de Albert Rivera recibió el cariño de las encuestas y, sin embargo, no pudo ratificar esos datos en las urnas. Así, la irrupción de la formación de Santiago Abascal no solo desconcierta a las encuestas, sino también al resto de grupos, especialmente a Cs y PP, caladero de votos de Vox, que sumó hace tres años 47.182 votos y ahora puede llegar a los dos millones, con sondeos que le dan hasta cerca de 50 escaños. Al contrario que en la precampaña, donde han mantenido un perfil bajo, parece que en estos 15 días intentarán llevar su mensaje a casi todas las provincias españolas.
Precisamente uno de los partidos que agitaron los resultados en comicios anteriores tiene ante sí, según las encuestas, un panorama desolador. Se trata de Podemos. Los sondeos reflejan una tendencia a la baja y, al igual que ocurre con la amplia horquilla de escaños del PSOE, la cifra final de asientos determinará la posible gobernabilidad de los partidos de izquierdas. Y es que los estudios demoscópicos señalan que los de Iglesias podrían caer hasta los 27 diputados (tienen 71), aunque algunas encuestas frenan la caída en los 46 representantes. El regreso a la primera línea morada marcará la campaña y, también, las posibilidades reales del partido.
En cuanto a Cs, los comicios anteriores han demostrado la endeblez de su base electoral, por lo que sus resultados son complicados de vaticinar incluso para las encuestas. Varios sondeos le dan más de 60 escaños, por los 32 de ahora, pero sin desbancar al PP y con un posible final a la baja. Para tratar de conseguir un sorpasso a última hora, los de Rivera lucharán estas dos semanas contra el llamamiento al voto útil de los populares.