La épica del martillo

SPC
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El Teatro Real acoge en estos días 'El oro del Rin', una neomitología germánica que se representa con tintes militares

La épica del martillo

«La obra más vasta y más importante de la Historia de la música», dijo Werner Breig sobre la Tetralogía: cuatro óperas (unas 16 horas) que comienzan con la que ahora se representa en el Real: El oro del Rin. Gerhard Hauptmann o Deryck Cooke consideraron El anillo del nibelungo como la obra máxima de la cultura occidental. ¿Exagerados, sectarios? Imposible desdeñar su importancia histórica o sus hallazgos musicales, su potencia expresiva entre los leitmotiv: sonora cosmovisión de dos horas y media.
Esta neomitología germánica, aquí representada con rasgos militares, se inspiró en la nórdica. El libreto, escrito por el mismo compositor, lector y amigo del anarquista Bakunin, bebía de las revoluciones de aquella Europa de 1848. En Dresde (1849) participó destacadamente. Huyó, ayudado por Franz Liszt, a Suiza: nueve años de exilio, famosas sus óperas y representándose en varias ciudades germánicas. Abandonó el excelente puesto como maestro de capilla de la corte sajona volviendo a la mísera bohemia. 
Así redactaría El oro del Rin (1852), último de los libretos de la tetralogía, el primero en recibir la música, dos años después. Sanándose en la estación termal de Albisbrunn, escribió a Theodor Uhlig: «Con mi concepción corto enteramente con todos los lazos entre nuestro teatro y nuestro público actual, rompo cierta y definitivamente. Solo la revolución puede aportarme los artistas y espectadores». Ironías del destino: sería su adorador, el rey Luis II de Baviera, quien lo estrenaría en Múnich (1869) y Bayreuth (1876), donde construyó ese teatro-templo a la medida de sus innovadoras exigencias, para representar la Obra de Arte Total.
El inicio de esta obra magnificente emerge en un escenario lleno de misteriosas brumas derramadas mientras pasa un río de burgueses trajeados, cada vez más veloces, arrojando objetos con cierto estruendo.