El Gobierno infectado

Antonio Pérez Henares
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La irresponsabilidad del Ejecutivo asegurando que «la situación estaba controlada» ha hecho que España sea ya el quinto país más infectado

El Gobierno infectado

Fui de los primeros en salirme de la parva mediática en la que todo eran risitas y compadreos echeniques diciendo que «solo había alarma en las tertulias» y que la situación del coronavirus en España estaba «totalmente controlada».
Fui también de los primeros en sufrir los escupitajos por las redes, acusado de alarmista y sembrador de miedo, cuando era más que previsible, por antecedentes externos y pautas de progresión internas, su propagación exponencial, por atreverme a decir que se estaba cayendo en una actitud de complacencia, irresponsable y de inanición absoluta. Decir que ya valía de consejas de «calma, confianza, contención y lavarse mucho las manos», el pack completo del mantra durante semanas y de semanas perdidas. Que sí, que nosotros nos lavábamos las manos, pero quien de verdad lo hacía y no debía era el Gobierno, con el Presidente metido en su madriguera, de donde tan solo ha salido cuando la epidemia cabalgaba. Ha tardado más de un mes.
Tras aquel mensaje al respecto a mediados de febrero lamentando y criticando la cancelación del Mobile World Congress, porque según él no había razón alguna, silencio y parapeto, para descolgarse al fin con unas palabritas, al llegar a los mil casos, anunciando que tenía un plan y aparecer por la tele cuando los infectados iban, cuando lean esto serán muchos más, por los dos mil, día y medio después. Es cuando nos ha anunciado con engolamiento solemne, sin la más mínima autocrítica, tan sobrado como siempre que: «Haremos lo que haga falta, cuando haga falta y donde haga falta». ¿Y por qué no hizo antes «lo que hacía falta, cuando hacía falta y donde hacía falta». ¿Por qué, señor presidente, por qué?
Señalé también el despropósito, o algo mucho peor, de negar a tomar medidas, la más descarada y obvia de suspender las manifestaciones masivas del 8-M, en vez de minimizar los riesgos y alentarlas . «Que haga lo que quiera», le decía, en respuesta televisada, el oráculo Fernando Simón a su hijo poniéndolo como ejemplo,  para contestar a la pregunta de la conveniencia de acudir a ella en Madrid donde ya se sabía, y lo sabían, que la situación estaba desbocada y donde el jueves y el viernes sus presiones, en el caso de las Universidades, habían impedido a la Comunidad Autónoma a tomar las medias que ya casi por las bravas tomó el lunes. 
No se podía perjudicar a SU manifa aunque con ello se alentará a la insensatez más clamorosa, pues todas las concentraciones masivas estaban siendo suspendidas por toda Europa y en la propia España, el maratón de Barcelona por ejemplo. Siete ministras, un ministro y la mujer de Sánchez la encabezaron. Pusieron la propaganda política por delante de salud. La suya y la de toda la población. 

Los errores

Irene Montero fue la primera en dar positivo en la infección el vicepresidente Iglesias, su pareja, en cuarentena, el gobierno al completo en test y bajo control ¿Y todos quienes han tenido contacto con ellos, de periodistas a asistentes a reuniones o actos. La Moncloa está infectada, así de simple y de esperpéntico. La insensatez e irresponsabilidad son ahora manifiestas. ¿Alguna autocrítica, alguna petición, al menos, de disculpas a la ciudadanía?
 Han puesto a centenares de  miles de personas en peligro, de hecho a España entera ,y en este caso ni siquiera por omisión, sino por acción directa. Pues sabían del riesgo, pues se hizo clamorosamente evidente cuando en 24 horas se pasó de alentar a esa convocatoria y una vez celebrada, a prohibirlas todas. Se unió al sainete Vox, a quien se ocurrió, pues ocurrencia y estúpida ha resultado ser, el replicar el acto con ¡otra concentración! suya en Vista Alegre con la consecuencia de uno de sus dirigentes máximos, Ortega Smith, ya veremos cuantos más, infectado. Abascal ha pedido perdón por el error. No lo esperen que lo haga ninguna de las dos partes del Gobierno que cada cual por su lado encabezaron la manifestación feminista. Sería reconocer la dejación de funciones y de irresponsabilidad cometidas. 
Lo que sí hicieron es aprovechar para, de inmediato, dar cerrojazo al Parlamento, y así el miércoles, de paso, se ahorró Sánchez tener que responder a las preguntas de control de la oposición que había pedido fuera un pleno monográfico sobre la epidemia.  Un cierre que debe subsanarse de inmediato, pues es un verdadero dislate y un pésimo mensaje a los ciudadanos. Hay varios casos más, además, el de otro diputado de Voz y el de Ana Pastor, ex presidenta de la cámara, médico y ex ministra de Sanidad. Deben tomarse pues medidas de protección en la Cámara, desde luego. Pero en este momento de zozobra de toda la Nación no es comprensible que los representantes de la soberanía nacional desistan de su función lo que puede interpretarse como que son prescindibles en una situación así, que es cuando más deberían de estar.  ¿Cómo calificaríamos a los médicos si, por que algunos se han infectado y todos corren riesgo de hacerlo dejaran de acudir a los hospitales?. Son médicos, y esa es su profesión, sí. Y los diputados los depositarios de la voluntad popular. Deben hallar de inmediato la fórmula para recuperar su función y actividad. 
Lo que era evidente que iba a suceder, por más que se negara por quienes se negaban a quererlo ver, ha sucedido. Nos encontramos ya en el ojo del huracán, somos la quinta nación del mundo con más casos de infección, pasan de la docena los países que vedan la entrada a nuestros ciudadanos pero todo ello es ahora llorar sobre la leche derramada. Sin embargo, aún podemos añadir algo más a la cántara de la complacencia rota, «una docena de casos como mucho» se llegó a decir, y que ya sería, el colmo de la vileza. Pero me temo que va a serlo y convertirse en arma clave de defensa y agresión contra la crítica para no asumir absolutamente responsabilidad alguna. Es acusar a Rajoy ¿a quién iba a ser si no? de todo ello y de las dificultades de combatir sanitariamente la situación por sus recortes. Ese parece ser el argumentario. Ya lo han hecho con el Gobierno madrileño y por esa senda han entrado de inmediato   agarrándose al clavo ardiendo, y no acordándose de lo que ayer mismo pregonaban, los medios afines y las cohortes de voceros monclovitas. Han ido en un parpadeo del «aquí no pasa nada, lo tenemos todo controlado y somos champions, ahora en sanidad, del mundo» a la «culpa de la hecatombe es del PP y del anterior gobierno».
Pues bien, con todo y con todas las miserias y mentiras, con todas escurriduras de bulto y cargar la culpa en toda espalda excepto la propia, que habremos de aguantar y soportar, el mensaje hoy no puede ser hoy, y de la manera más clara y precisa que este: todos juntos contra la enfermedad. Hay que lograr, unidos, con sensatez, es ahora el momento no de negar el miedo sino de afrontarlo con decisión y calma, de plantar cara a la epidemia y lograr atajarla, aislarla, combatirla, enjaularla, reducirla y someterla en el menor plazo posible.
Es una cuestión de salud pública, es una cuestión nacional, en ella debe comprometerse toda la ciudadanía y en ella debemos implicarnos todos. Hemos de estar dispuestos a los inconvenientes, los esfuerzos, los sacrificios y las renuncias. A comprender y asumir que nuestras vidas se verán por un tiempo, de una u otra forma, afectadas y que el bien común e interés general y el futuro están por encima de todo. A seguir las pautas para en lo posible no contagiarnos pero ser, también, conscientes de que puede tocarnos la china (que, por cierto, menuda lección de eficacia y responsabilidad ha dado al mundo) y entonces hacer todo lo preciso para superarla y vencerla, atendiendo de manera escrupulosa a los protocolos para no expandirla. En ello hemos de estar y, por ahora, en nada más que en eso, hoy, mañana, pasado y hasta que primero amaine y luego escampe.
Después habrá ya tiempo de dilucidar irresponsabilidades, negligencias y estupideces pregonadas. Y pedir cuentas por ellas. Habrá entonces, además, que ponerse a la tarea de restañar, reparar y enderezar una economía y un porvenir que se nos ha ennegrecido aún mas de lo que podíamos temer, y algo ya nos temíamos. Los daños han sido y serán cuantiosos, veremos cuantos y con qué efectos futuros, y tendremos que plantear respuestas y tal vez, y a la fuerza, tomar medidas que nunca tomamos, de cambios en modelos productivos. Hasta quizás pensar en ser algo menos dependientes. Pero eso luego, después de superada la tempestad.
Ahora toca lo que toca. Es estar unidos e ir todos, cada uno en su sitio y poniendo lo preciso de nuestra parte, contra ese puñetero virus 
PD. Lo más preocupante. Falta de protección para los sanitarios, batas adecuadas, mascarillas, gafas y guantes. A pesar de los requerimientos, constantes en esto dos meses, Sanidad no previó ni hizo acopio de material. ¿Saben que hace dos meses llegó al puerto de Valencia un barco donde venía medio millón 500.000 mascarillas de China. Que no descargaron sino que volvieron a de regreso tras ser recompradas por el triple de lo que se habían vendido?