Ferrera revienta Madrid

SPC
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El mallorquín conquista Las Ventas después de cuajar una tarde de maestría e inspiración que le valen tres orejas y una merecida e incuestionable Puerta Grande

Ferrera revienta Madrid - Foto: Fernando Alvarado

En una tarde de calor en Madrid, Antonio Ferrera incendió ayer la Feria de San Isidro con una actuación de suma maestría e inspiración, que le valió para cortar tres orejas y abrir así una Puerta Grande tan merecida como incuestionable.
Fue memorable, de esas que quedarán en la retina del aficionado gracias a su maravillosa inspiración y la enormidad de su toreo. El mallorquín hizo un desglose de tauromaquias antiguas con sabor a tequila, tabasco y rancheras para firmar una obra de arte a su primero, con el que esculpió algo tremendamente bello, emocionante y distinto a todo lo demás.
El Quite de Oro, que creó el mexicano Pepe Ortiz y que Ferrera evocó, ya hizo que la gente se mirara entre sí. Pero hubo más. El inicio de faena de muleta fue un recuerdo al gran Rodolfo Rodríguez El Pana. Y ya lo que vino después fue una oda al arrebato, la naturalidad y la torería. Todo con apabullante personalidad, gusto y suavidad ante un animal muy noble.
Esa manera tan enfrontilada, tan vertical y encajada a la vez de torear por naturales provocó el delirio de los tendidos, conscientes de que lo que estaba pasando era único en su especie. La plaza era un manicomio, más cuando Ferrera montó la espada a 10 metros del astado, dejárselo venir a cámara lenta para agarrar después una contundente estocada. Parecían que iban a caer las dos orejas, pero el presidente se encargó de aguar la fiesta y el balear paseó solo una.
Pero la tarde del de Buñola no podía quedar en eso. Había que redondear. Y lo hizo ante un cuarto al que fue sobando poco a poco, consintiéndolo, dándole sus tiempos y pausas, para acabar después cuajándolo de forma exultante.