Diáspora podemita

Antonio Pérez Henares
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La deserción de Errejón ha sido el gran detonante, aunque la mascletá en el partido de Iglesias había empezado mucho antes

Diáspora podemita - Foto: Javier Lizón

Está por ver si Pablo Iglesias vuelve a liderar Podemos o se queda de baja por paternidad para los restos. Es de suponer que aguantará. Más que nada por la hipoteca del casoplón que tiene que pagar, pero es patente que en cuestión de un verbo ha pasado de vicepresidente in pectore a candidato al desahucio político. El puchero podemita, incluidas mareas, confluencias, ahoras y adelantes ha pegado un estrepitoso reventón y hay garbanzos descarriados de Cádiz a Barcelona y de Almería a Compostela. La vida de Pablo ha dejado en realismo puro y duro a La vida de Brian. 
 Su historia es breve. Un largo período en fase larvaria, lampando entre la casta universitaria más doctrinaria, los padrinos chavistas y las covachuelas de extrema izquierda, hasta la eclosión de la crisálida y el vuelo en el cielo más azul de la resplandeciente mariposa. El sol, en nada, les ha quemado las alas. Cinco años han bastado desde aquellas europeas de su vuelo iniciático. 
Y puede que sea en ellas donde aún encuentren algún refugio y consuelo comparativo. Pero las municipales y autonómicas amenazan con acabar con el importante poder que acumularon. De su entrada triunfal en las más grandes urbes, Madrid, Barcelona, Valencia y en importantes ciudades, amen de posición privilegiada en una ristra de comunidades autónomas a las expectativas de ahora donde les pueden dejar en las raspas. Peor incluso, lo que pueden conservar es aquellos feudos donde quienes lideran les desprecian. Carmena y Colau, por citar nombres.
La deserción de Errejón ha sido el gran detonante, aunque la mascletá había empezado ya mucho antes, y ha puesto al descubierto tanto la inconsistencia de todo el tinglado como la debilidad del liderato de la pareja alfa. Provincia a provincia, región a región, cada cual busca, entre grandes proclamas de unidad, unidad (síntoma esencial en estas izquierdas de afilar navajas) cómo limitar daños, huir sin que se note mucho o intentar prepararse un acomodo para salvar el culo y donde había logrado aposentarlo. En cada sitio con una excusa diferente, pero en todos con denominador común: el desánimo y la desbandada. De los cabos a los generales. Pero, sobre todo, de las tropas. Están tan apagadas que ya ni por twitter insultan. 
Podemos, en sus 40 formulaciones semánticas, en lo estrictamente político, como partido, es ya un experimento fallido. Les queda ahora, sin embargo, lo que siempre estuvo y estará en sus intenciones. Lo expuso con cruda obscenidad Errejón, cuando era el faro ideológico, el núcleo irradiador que decía, como cuarteles de invierno. Penetrar, el viejo entrismo troskista que está en buena parte de su ADN, en los movimientos sociales, los conflictos que afloren y todo aquello que puedan aprovechar para seguir latentes y presentes. No es mal ejemplo el del taxi. Han logrado que una gran mayoría de las poblaciones afectadas lo detesten y tal vez conducirlos al suicido, pero ellos han tomado la dirección de las protestas.
Sin embargo, su expectativa mayor es la de fagocitar y extremar el movimiento feminista, tarea en la que están poniendo todos sus esfuerzos y donde más que lucha por la igualdad de las mujeres pareciera que es ya una campaña contra el hombre considerado como un ser abominable, marcado por el pecado original simplemente por serlo. Solo quienes ellos que digan que se libran de tal mácula, y como dice y proclama sin que nadie se sonroje el propio Iglesias, los que «mejor follan». Da vergüenza escribirlo pero al susodicho no le dio ninguna el decirlo y nadie de los suyos se lo afeó siquiera.

veredicto de los sondeos. El próximo futuro de Podemos no es que lo pronostiquen las encuestas. Es que las gentes han marcado ya en urna la tendencia. La caída del poder socialista en Andalucía ha minimizado su trastazo, pero ellos perdieron, al igual que el PSOE, la friolera de 300.000 votos que porcentualmente es aún mayor fiasco. Los pronósticos ahora no son buenos por ningún lado y en algunas comunidades autónomas su objetivo es, simplemente, no desaparecer del mapa. Por ejemplo, en Castilla-La Mancha, y por Castilla y León también por ahí les puede andar la cosa. Buena prueba es el cortejo que el PSOE ya lleva tiempo haciendo, sobre todo por Toledo, a Cs. 
Porque los barones gobernantes se llamen Page, Lambán o Vara saben que Podemos ya no es la pareja de baile, que con ellos no se llega al salón del poder ni de coña. Ya no suman y de lo que se trata es de ver cómo recuperar esos votos que un día tuvieron. Esa es su verdadera esperanza para mantenerse, auparse a la fuerza más votada, aprovechando el reparto de votos entre los tres bloques situados a su derecha, y darle la excusa a los naranjas para que les permitan seguir gobernando.