Escarlata, la heroína más osada

Juana Samanes
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El filme 'Lo que el viento se llevó' sigue siendo, 80 años después de su estreno, una de las películas más rentables de la historia del celuloide

El rodaje de esta obra maestra fue muy sencillo, sobre todo porque los protagonistas, Vivien Leigh y Clark Gable, se llevaron a las mil maravillas.

Se estrenó en diciembre de 1939, pero un proyecto de la magnitud de Lo que el viento se llevó sería impensable en la actualidad porque se contrataron la friolera de 2.400 extras y se dibujaron más de 3.000 bocetos para que fuera la película más lujosa jamás filmada. Curiosamente, adaptaba a la gran pantalla una novela homónima de Margaret Mitchell que se había publicado tres años antes. 
Hasta ese momento, sobre la Guerra de la Secesión solo había tenido éxito la controvertida El nacimiento de una nación, de ahí que la obra de Mitchell, que encerraba el retrato de una mujer indomable y una historia de amor, pareciera espectacular para llevarse al celuloide. 
El rodaje fue bastante tranquilo, si exceptuamos que contó con tres directores: la empezó George Cukor, fue despedido, y la continuaron Victor Fleming y Sam Wood. De este último dicen que filmó 33 minutos de los 238 de metraje total. 
No obstante, lo más complicado fue la búsqueda del reparto perfecto. Aunque el todopoderoso productor del filme, verdadero artífice del proyecto, David O’Selznick, consideraba, desde el principio, como el Rhett Butler ideal a Clark Gable, el contrato que le unía a los estudios Metro Goldwyn Mayer (a la sazón propiedad de su suegro), le hicieron pensar para encarnarlo en otros actores como Gary Cooper. Finalmente, triunfó la opción lógica, y para el encantador Rhett se fichó al de Ohio, no sin antes firmar un férreo acuerdo que se tradujo en que MGM se quedaba con los derechos de distribución del largometraje y el 50 por ciento de los beneficios de taquilla que, 25 años después del estreno, superaban los 41 millones de dólares en beneficios, frente al presupuesto de la película, que no llegó a los cuatro millones. Vamos, lo que se denominaría ahora un auténtico pelotazo. Algo más complicado resultó encontrar a Escarlata O’Hara. Se entrevistó a 1.400 candidatas, entre las que se encontraban estrellas del momento que se interesaron por el proyecto como Bette David o Paulette Goddard (esposa de Charles Chaplin), hasta que se decidieron por la británica Vivien Leigh, una elección extraordinaria. Aportó con su belleza, mezcla de picaresca y artificio, los registros necesarios para dar vida esa heredera del Sur. Los rumores apunta a que el despedido director Cukor la asesoró en su actuación durante todo el rodaje. 
Por último, aunque desde el primer momento se deseaba a Leslie Howard para el papel del idealista Ashley Wilkes, del que está enamorada Escarlata, este actor de gran talento, fallecido prematuramente en la Segunda Guerra Mundial, no lo veía claro porque era reacio a interpretar un personaje «tan débil e ineficaz». En el caso de Melania, fue Joan Fontaine quien, tras rechazar el papel, sugirió el nombre de su hermana: Olivia de Havilland. 
La película cosechó ocho Oscar, entre ellos mejor película, director, guion adaptado, actriz y actriz de reparto, que fue para Hattie McDaniel, quien hizo Historia al ser la primera interprete afroamericana en ganar la dorada estatuilla.