75 años bienvenidos

Javier Herrero (EFE)
-

Miguel Ríos celebra tres cuartos de siglo de vida y más de cinco décadas en la carretera

75 años bienvenidos

Miguel Ríos, padre y abuelo del rock and roll en español, cumple hoy 75 años desde una jubilación solo teórica y un vigoroso estado de forma musical que hace que, como sus más allegados suelen decir en broma, regrese a los escenarios más a menudo que Antoñete a los ruedos.
Fue el pasado diciembre cuando el granadino lanzó al público su hasta ahora último adiós, en su tierra y haciendo bandera de un proyecto que también nació allí, en el Palacio de Carlos V de La Alhambra y acompañado de una gran orquesta que reverdeció los clásicos acuñados desde sus inicios en los 60.
Como muchos otros compañeros de generación, esos comienzos estuvieron marcados por la necesidad, más bien obligación de las discográficas, de versionar en castellano éxitos que ya habían triunfado en inglés.
El año 1968 marca un punto de inflexión, ya que es cuando comienza a apuntalar su propio repertorio, con El río, de Fernando Arbex, o Vuelvo a Granada.
Así llegó uno de sus grandes éxitos, El himno de la alegría, que en 2019 cumple 50 años de existencia. 
En la década de los 80, Ríos supo sobreponerse a los nuevos cambios de modas musicales con éxitos como Santa Lucía o Año 2000.
En 1982 volvió a hacer historia en la música española al grabar Rock And Ríos, un doble álbum que con clásicos como Bienvenidos se convirtió en su mayor éxito comercial, al que siguió su gira más triunfal, El rock de una noche de verano.
Veinte años después de su gira en 1990 con sus amigos Joan Manuel Serrat, Víctor Manuel y Ana Belén, el andaluz volvió a la carretera tras haber firmado su retirada en 2010 como mejor sabe hacer, sobre los escenarios.
Una vida artística de cinco décadas de música, más de 500 canciones y cientos de conciertos a sus espaldas llegaron así a su final, o casi, pues desde entonces se han convertido en costumbre sus idas y venidas, ya fuese como colaborador o como impulsor de iniciativas.
«A mí el rock no me debe nada, se lo debo yo todo», suele decir.